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"Rincones de Memoria". Amar a Dios por sobre todas las cosas -Foto: Luis con Bauti

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07/02/2007 "Rincones de Memoria". Amar a Dios por sobre todas las cosas -Foto: Luis con Bauti


Todos los tiempos, desde "Tiempos Inmemorables" han sido y son complejos; misteriosos, oscuros, incomprensibles y fluyen alternativamente entre la paz y la guerra, el caos y el sosiego, el odio y el amor, la Vida y la Muerte, lo real y la Nada. Aceptando esto como parte indivisible de la existencia, creada por nuestra mente, no tendríamos porque alterarnos; sólo, dejarnos llevar por la corriente de la época que nos toque vivir, sin resistencia, fluyendo para crecer y permitiendo que las cosas ocurran como debe ser.

Ahora que me encuentro casi en la recta final temo mirar atrás, porque sé, que no siempre he obrado como deseaba, y no he vivido al cien por ciento de acuerdo con mis principios cristianos.

He confiado más en el empuje y en la seguridad engañosa que dan las cosas materiales y me he alejado en ocasiones de las verdaderas necesidades espirituales; mi tibieza ha desorientado a mis hijos, y mi permisividad los ha confundido, fallando yO y junto a mí la poca disciplina impuesta.

También mis dudas y mis crisis de fe, no con respeto a Dios pero si a la Iglesia han bastado para que ellos cuestionen sin fe ni conocimientos a Dios. Quizás lo hubiesen hecho igualmente pero entonces yO no me sentiría responsable si tuviese la certeza de haberles dado una visión clara y firme respecto a sus cuestionamientos. No fui convincente pero conozco alguien que si lo fue y…os voy a contar una historia sobre un hombre de 75 años que mientras viajaba en tren, aprovechaba el tiempo leyendo un libro…

A su lado, viajaba un joven universitario que también leía un libro de Ciencias…

De repente, el joven percibe que el libro que va leyendo el anciano es una Biblia y sin mucha ceremonia, le pregunta: ¿Usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y de cuentos?

- Sí por supuesto, le respondió el anciano, pero éste no es un libro de cuentos ni de fábulas, es la Palabra de Dios… ¿Usted cree que estoy equivocado?

-Claro que está equivocado…dijo el joven. Creo que usted señor, debería dedicarse a estudiar Ciencias e Historia Universal… Vería como la Revolución Francesa, ocurrida hace más de 100 años, mostró la miopía, la estupidez y las mentiras de la religión…Sólo personas sin cultura o fanáticas, todavía creen en esas tonterías…

-Y dígame joven, ¿es eso lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia?

- A lo que el joven respondió: - Mire, como voy a bajar en la próxima estación, no tengo tiempo de explicarles, pero déjeme su tarjeta con su dirección, para que le pueda mandar algún material científico por correo, así se ilustra un poco, sobre los temas que realmente importan al mundo…

El anciano entonces, con mucha paciencia, abrió con cuidado el bolsillo de su abrigo y le dio su tarjeta al joven universitario…

Cuando el joven leyó lo que allí decía, salió con la cabeza baja y la mirada perdida sintiéndose peor que una ameba…

En la tarjeta decía: Profesor Doctor Louis Pasteur, Director General Instituto Nacional Investigaciones Científicas Universidad Nacional de Francia. “Un poco de Ciencia nos aparta de Dios. Mucha nos aproxima”.- [Hecho verídico ocurrido en 1892]

A lo que yo quiero agregar lo siguiente: ¿Saben cuál es el mayor logro del diablo? "Hacernos creer que no existe".

He respetado siempre la forma libre de pensar de las personas pero no puedo negar que sufro cuando percibo que la gente confía más en sus propias fuerzas y capacidades mundanas que divinas y cuando les va mal o viven las injusticias que la Vida nos proporciona, no reconocen sus fallos y los errores casi siempre son adjudicados a algún culpable de turno. Siempre hay alguien a quien responsabilizar del mal que aqueja al Mundo y ese alguien suele ser Dios.

Hubo un tiempo en que yo también fui una niña, una adolescente y una mujer; rebelde a veces e insoportable otras. Todo cuestionaba, todo criticaba. Aborrecía y repudiaba las injusticias, las imposiciones sin lógica de los mayores sólo porque eran costumbres o tradiciones. Tenía mis propias ideas y convicciones y creía en ellas por sus valores.

Siempre estaba ávida de explicaciones que me permitieran entender porque las cosas eran de tal o cual manera. Quería modificarlas, me negaba a aceptar y a obedecer ciertas normas de comportamiento bien vistos por la sociedad de esa época y lugar [de cómo tratar a personas de cierta clase social, de no hacer amistades con determinadas otras por su condición cultural, ideológica, religiosa o sexual]. No impuestas en mi casa, gracias a Dios, pero si observadas en la sociedad que me rodeaba.

No deseaba ser conducida como parte de un rebaño a una existencia banal y opresiva por la estupidez, por la ignorancia, los fanatismos, la monótona rutina, o por temor al ridículo de una sociedad ceñida a aparentar lo que en el fondo no deseaban ser.

Tuve muchas dificultades para adaptarme al ritmo impuesto por la Iglesia y la Sociedad rancia de esos tiempos que me tocó vivir y muchas veces perdí el norte por llevar la contraria. Supongo que es así como debe ser la juventud. ¿Cuándo sino vamos a expresar los jóvenes nuestro descontento y hacer locuras? ¿Cuándo sino a aprender de las caídas? Y así es como dando tumbos y palos de ciego, vamos adquiriendo conciencia y sabiduría.

Cuando me sentía descontenta, desmoralizada, aturdida por algunos procederes solía acudir a esos rincones de memoria a repasar mi vida en busca de respuestas a atormentadas cuestiones existenciales, hoy en día superadas, gracias a la comprensión de la VERDAD. He viajado a mi interior, he buceado en las profundidades del ser, y he creado la realidad en la que existo pero la VERDAD es que no existo en esa REALIDAD, y no existo por que es ficticia.

La mente suele jugarnos malas pasadas, nos domina, nos inquieta, nos estresa. Sin embargo cuando me refugio en mi interior puedo sentir el amor y esa paz que la mente es incapaz de proporcionarnos. Allí desaparecen mis temores, mis miedos, mis angustias. Aquí dentro está todo lo que necesito y allí fuera, solo, la experiencia de ser humana.