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Muralistas Tucumanas – Grupo conformado por alumnas y docentes.

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05/04/2007 Muralistas Tucumanas – Grupo conformado por alumnas y docentes.


Para las que sienten curiosidad de la historia.

¿Cómo fue la infancia de Domingo Faustino Sarmiento?
Domingo Faustino Sarmiento nació el 15 de febrero de 1811 en el Carrascal uno de los barrios más pobre de la ciudad de San Juan, capital de la actual provincia homónima, hijo de José Clemente Cecilio Quiroga Sarmiento y Paula Zoila Albarracín Irrazábal.

¿Quién fue Domingo Sarmiento?
Fue político, filósofo, pedagogo, escritor, docente, periodista, estadista y militar argentino; gobernador de la Provincia de San Juan entre 1862 y 1864 y presidente de la Nación Argentina entre 1868 y 1874.

¿Cuáles son los nombres de los hermanos de Sarmiento?
Vicenta Bienvenida Sarmiento (1) proporcionó la siguiente nómina: Francisca Paula; Vicenta Bienvenida de Jesús; Manuel Fernando de Jesús; Honorio María; Faustino Valentín (Domingo Faustino); María del Rosario y Procesa del Carmen.31 mar. 2008

¿Cuáles son los sarmientos de la vid?
El sarmiento es el brote largo, delgado, flexible y nudoso que nace cada año de las yemas nacidas en maderas de un año o más. pitón o pulgar: cuando el corte de poda deja de una a tres yemas. Cargador o vara: cuando el corte de poda deja de cuatro a doce yemas.

¿Cuál es el origen del apellido Sarmiento?
LINAJE E HISTORIA El origen de este antiguo apellido se basa en don Pedro Ruiz, descendiente de las casas de Villamayor y Salvadores, quien hallándose en la memorable batalla de las Navas de Tolosa, año 1.212, al frente de las gentes de don Rodrigo Gómez de Trastamara, tuvo una feliz idea para acelerar la derrota de ...
SARMIENTO
SARMIENTO ORIGEN Y SIGNIFICADO El apellido Sarmiento es muy antiguo y procede de la zona de las montañas de Castilla. Según Fernando González-Doria en su "Diccionario heráldico y nobiliario de los reinos de España", el apellido tuvo su primitiva casa solar en León. Una rama pasó a Cuba y otra a las Islas Canarias. LINAJE E HISTORIA El origen de este antiguo apellido se basa en don Pedro Ruiz, descendiente de las casas de Villamayor y Salvadores, quien hallándose en la memorable batalla de las Navas de Tolosa, año 1.212, al frente de las gentes de don Rodrigo Gómez de Trastamara, tuvo una feliz idea para acelerar la derrota de los musulmanes; tomó unos haces de sarmientos y los fue distribuyendo entre cien caballeros de los suyos a los que ordenó que los prendieran y luego los arrojasen a los víveres y pertrechos del enemigo, lo que hizo que éstos ardieran totalmente, con lo que consiguió acelerar la victoria de las huestes cristianas. Este hecho hizo que, a partir de aquel día, todo el mundo le apodara "el sarmiento". Y que él acabó convirtiendo en su apellido siendo el origen de este linaje. Apellido nobilísimo, hasta el extremo de que el caballero Sarmiento hospedó en su casa al Rey Alfonso X el Sabio cuando se encontró en sus últimos momentos y en su alcoba, agonizando, fue cuando pronunció la célebre frase de "Sevilla no me ha dejado", convertida luego en lema del escudo menor del Ayuntamiento. Diego Sarmiento fue caballero del rey don Pedro I; otro Diego fue Conde de Salinas en 1485. Otro Diego Sarmiento fue clérigo en Sevilla y nombrado Obispo de Cuba en 1547. Antonio Sarmiento Comendador de Almagro de la Orden de Santiago en 1615; Juan Sarmiento, Asistente de Sevilla en 1588, y Diego, Capitán General en 1613. Probaron nobleza en las cuatro Órdenes y en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. El apellido estuvo presente en la conquista y posterior colonización de América, donde personajes llamados Chamorro participaron en las hazañas. La existencia de diversos topónimos en el Nuevo Continente demuestra que el apellido enraizó desde los primeros tiempos. DATOS GENEALÓGICOS SOBRE EL APELLIDO Actualmente en internet se pueden recoger
datos genealógicos procedentes de partidas de defunción, bautismo y matrimonio de los registros parroquiales. Dichos datos pueden ser útiles para la elaboración de un árbol genealógico, conocer los orígenes de los apellidos y para la localización de antepasados en diferentes parroquias.www.familysearch.org es una entidad que ha recogido datos parroquiales hasta el siglo XIX. Por suantigüedad y localización destacamos los registros siguientes del apellido Sarmiento: 155. AGUEDA SARMIENTO - International Genealogical Index / SE Gender: Female Marriage: 29 JAN 1806 San Bartolome, Pozuelo, Albacete, Spain 156. Agustin Sarmiento - International Genealogical Index / SE Gender: Male Christening: 10 SEP 1696 Santa Maria, Wamba, Valladolid, Spain 157. AGUSTIN SARMIENTO - International Genealogical Index / SE Gender: Male Marriage: 21 NOV 1736 Santa Maria, Wamba, Valladolid, Spain 158.
AGUSTINA SARMIENTO - International Genealogical Index / SE Gender: Female Marriage: 12 OCT 1693 Santa Maria, Wamba, Valladolid, Spain 159. Alfonsa - International Genealogical Index / SE Gender: Female Christening: 04 FEB 1661 San Juan Bautista, Pesquera De Duero, Valladolid, Spain 160. ALFONSA SARMIENTO - International Genealogical Index / SE Gender: Female Marriage: 02 JUL 1757 Santa Maria Magdalena, Montemayor De Pililla, Valladolid, Spain 161. ALONSO SARMIENTO - International Genealogical Index / SE Gender: Male Marriage: 04 NOV 1540 San Juan Evangelista, Arrabal De Portillo, Valladolid, Spain162. Alonso Sarmiento - International Genealogical Index / SE Gender: Male Birth: 1540 Llerena, Badajoz,
Spain 163. ALONSO SARMIENTO - International Genealogical Index / SE Gender: Male Marriage: 25 NOV1582 San Miguel, Valladolid, Valladolid, Spain. ARMAS Las armas principales del apellido, según detalla Fernando González-Doria, son: Escudo de gules con trece roeles de oro, bien ordenados. PERSONAJES SARMIENTO DESTACADOS EN LA HISTORIA - Domingo Faustino Sarmiento: escritor, educador y políticoargentino. -Padre Martín Sarmiento: erudito español nacido en Villafranca del Bierzo (León). -Pedro
Sarmiento de Gamboa: navegante español, nacido en Alacalá de Henares. -José de Sarmiento de Valladares: Conde de Moctezuma y de Tula y virrey de México. EL APELLIDO HOY El apellido Sarmiento es uno de los más abundantes de la geografía española, encontrándose regularmente repartido por todas las regiones de España. Actualmente encontramos en España unas 1500 familias que tienen el apellido Sarmiento. Cabe destacar que el apellido enraizó desde lejanos tiempos en tierras de América Latina, y en la actualidad se encuentra ampliamente representado en el Nuevo Continente. BIBLIOGRAFIA -Blasones de Armas y Linajes de España, de Diego Urbina, - -Blasones, de Juan Francisco de Hita, - -Estudios de Heráldica
Vasca, de Juan Carlos de Guerra.- -Nobiliario de Aragón, de Pedro Vitales.- -Nobiliario, de Jerónimo de Villa.- -El Solar Catalan, Valenciano y Balear, de A. y A. García Carraffa con la colaboración de Armando de Fluvià y Escorsa de la "Sociedad Catalana de Estudios Históricos".- -Apuntes de Nobiliaria y Nociones de Genealogia y Heráldica.- -Diccionario Etimológico de los Apellidos Españoles-. -Nobiliari General Català, deFélix Domenech y Roura-. -Armería del Palacio Real de Madrid-.

¿Cuál es el significado de la frase las ideas no se matan de Sarmiento?
La frase significa "A los hombres se degüella; a las idea no" y se la atribuye a Fortoul. Sin embargo, se duda
de su autoría. Sarmiento bien se pudo haber equivocado. ... No es lo mismo decir lo que escribe Sarmiento
en su libro a cómo se popularizó la frase "Bárbaros, las ideas no se matan".21 jul. 2014

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¿Qué es eso de "las ideas no se matan"?
Camino a Chile, a donde va a pasar sus primeros años de exilio, Sarmiento escribe en una pared "On ne tue
point les ideés". Lo confiesa en el comienzo de Facundo. Pero ¿será cierto?
La confesión, que resguarda una conducta apremiante, tiene un sesgo de "infantilidad". Parece haber
cierta inocencia en la forma en que se manifiesta contra el gobierno federal, no solo porque Sarmiento
escribe como un prófugo sino que lo hace como un chico que se manifiesta a través de un grafiti en
cualquier esquina.
Se discute la veracidad del hecho y aún hoy, en San Juan, varios circuitos turísticos se atribuyen el lugar de
la frase.

Por otro lado, Sarmiento se jacta de que nadie supo, en un primer momento, traducir la cita lo que lo
consagra en su vanidad y la capacidad intelectual que lo caracteriza para distanciarse de la "barbarie".
La frase significa "A los hombres se degüella; a las idea no" y se la atribuye a Fortoul. Sin embargo, se duda
de su autoría. Sarmiento bien se pudo haber equivocado. Los estudiosos del tema aseguran que abundan
los adjudicatarios de una cita que se enmarca, dentro de la literatura argentina, como emblemática. No
cesan en ponerle nombres al creador, pues se habla de Diderot, Volney y hasta Voltaire.
Pero, si como asegura Sarmiento, "Las ideas no se matan", ¿Por qué celebra -en una carta a Mitre- el
asesinato Vicente "Chacho" Peñaloza, cuyas ideas combativas se destacaron entre los montoneros
federales?

No es lo mismo decir lo que escribe Sarmiento en su libro a cómo se popularizó la frase "Bárbaros, las
ideas no se matan". ¿Cuáles son las diferencias? Que en el texto, Sarmiento demuestra su virulencia,
muestra un gesto hostil y lleva hasta las últimas consecuencias su deportación.
De alguna manera, promete "venganza". Se va con la pluma, retornará con la espada: es una promesa que
deja latente.

El primer término "A los hombres se degüella“confirma el principio brutal al que hay que someterse, y es
cuestión de supervivencia (el destierro es una cuestión de "sobrevivir" a Rosas para Sarmiento). En
segundo enunciado "las ideas no", ¿no se degüellan? "Las ideas", entonces, tal cual comprende Sarmiento,
tienen cuello y por tanto cabeza. Funcionan por sí solas. Es el hombre el que debe ser degollado, piensa, las
ideas perduran. Prefiere campos regados de sangre a la censura.
Pero, sin el hombre (la humanidad) la construcción del pensamiento es imposible. El tema es que, para
Sarmiento el "bárbaro" ni es hombre ni piensa, justificación singular que cierra por todos los caminos del
unitarismo.

Y he aquí el sentido de la otra frase. El destinatario es el "bárbaro", el "bárbaro" es federal, y Sarmiento les
habla directamente a ellos para que les quede claro que su proyección política no será vencida; parece
seguro de ello, de su legado "mis ideas no se matan", " a mí sí" hubiera querido decir temiendo la muerte.
¿A quién quisiera matar Sarmiento? ¿No buscó él matar ideas? Porque para Sarmiento Alberdi, por
ejemplo, no era "bárbaro" al que hay que "matar". Discute con él un horizonte de nación las prédicas de las
instituciones, nada más y nada menos. Hay que leer "Las quillotanas" para entender los principios
constitucionales.

En definitiva, la frase ya no es una sola, como vemos, sino dos. O tal vez, muchas más y con significados
variables. Como también parecen ser diferentes sus autores e, incluso, el lugar en el que Sarmiento
eternizó su dolor para siempre.

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO
El autor: Cronología
Cronología sobre los hechos históricos y vida de Domingo Faustino Sarmiento
AÑO
ACONTECIMIENTO
1811
En San Juan, el 15 de febrero, nace Domingo F. Sarmiento, quinto hijo y único varón del matrimonio formado por José Clemente Sarmiento Funes y Paula Albarracín. En un ambiente tradicional, religioso y humilde pasará su infancia. Su padre luchará en el ejército patriota comandado por el general José de San Martín; su madre será un referente moral para él a lo largo de toda su vida.
1816
Cursará los primeros estudios en la Escuela de la Patria, dirigida por Fermín Rodríguez.
Los esfuerzos de su familia por ofrecerle una educación reglada se verán siempre truncados por diversos azares, esto ocasionó que Sarmiento se formara al amparo de maestros ocasionales y a partir de su notable afición a la lectura. Con fervor y agradecimiento evocará siempre a sus maestros y a los libros que lo guiaron en la senda del conocimiento. Su formación incluirá todas las materias básicas y pondrá especial atención en el aprendizaje de idiomas.
1825
Con su tío el presbítero José de Oro, desterrado por el gobierno provincial de José Navarro, se instala en San Francisco del Monte en la provincia de San Luis. Bajo su magisterio aprenderá latín. Ambos organizan una escuela para enseñar a leer y a escribir a los habitantes de la zona.
1826
Se emplea como dependiente en una tienda.
1827
Vuelve a San Juan. Sigue ganándose la vida como empleado en el comercio de su tía Ángela Salcedo. Facundo Quiroga es ya una figura dominante en el panorama político del noroeste argentino.
1828
Ingresa en el Batallón de Infantería de la provincia de San Juan. Asciende de subteniente a alférez.
1830
Su militancia en las filas unitarias le obliga a pasar a Chile. Tras la caída del gobierno federal de Juan de Aguilar, regresa a San Juan. Continúa su actividad en las milicias provinciales.
1831
El triunfo de Facundo Quiroga y la consiguiente caída del gobierno unitario ocasionan que Sarmiento, acompañado por su padre, cruce la frontera hacia Chile. Se hará cargo de la escuela municipal de Santa Rosa de los Andes, aplicará sistemas novedosos de enseñanza hasta su destitución. Nace su hija Faustina.
1832
Se instala con su padre en Pocura. Abren un bodegón que les procura el sustento básico pero no olvida su vocación: funda una pequeña escuela.
1833
Padre e hijo se trasladan a Valparaíso. Trabaja en un comercio. Posteriormente se dirigirán a Copiapó empleándose en la mina El Colorado donde llegará a ser capataz.
1836
Después de una grave afección de fiebre tifoidea, regresa a San Juan. Entra en contacto con un activo grupo de jóvenes interesados en asuntos culturales. Comienzan sus primeras tentativas literarias.
1839
Publica Prospecto de un establecimiento de educación para señoritas dirigido por D. Domingo F. Sarmiento. Sus planes desembocan en la fundación del Colegio de Señoritas de Santa, inaugurado el 9 de julio.
El 20 de julio aparece el primer número de El Zonda. El acoso del gobernador Nazario Benavídez acaba con el periódico.
1840
Tras la revolución unitaria en la vecina provincia de Mendoza, Sarmiento es detenido, junto con los unitarios sanjuaninos por orden del gobernador Benavídez.
1841
Se inicia su largo exilio en Chile. Se establece en Santiago. Comenzará a publicar en El Mercurio, en breve trabajará como redactor en el periódico. Entra en contacto con una de las figuras destacadas
del partido conservador, Manuel Montt. Posteriormente dirigirá el periódico El Nacional.
1842
Logra la fundación de la Escuela Normal de Sudamérica, ejerciendo de rector de la misma. Comienza
a dar publicidad a sus ideas de reforma ortográfica, la importancia de este asunto, clave para la
enseñanza primaria, le lleva a entablar sonadas polémicas y furibundas diatribas contra la Academia
de la Lengua y sus representantes en la América Hispánica.
Publica Método de lectura gradual.
Funda su propio periódico, El Progreso. Posteriormente, en colaboración con Vicente Fidel López,
fundará otra publicación, El Heraldo Argentino.
1843
Publica Mi defensa, escrito autobiográfico en el que con ardor polémico se defiende de lo que
considera calumnias a su honor y dignidad vertidas por el que fuera cónsul chileno en San Juan,
Manuel Godoy.
Publica Memoria sobre ortografía americana, su propuesta de reforma ortográfica presentada en la
Facultad de Humanidades de la Universidad de Chile, de la que es miembro fundador.
1845
En El Progreso publica por entregas la biografía del caudillo Félix Aldao. Comienza la publicación de la
que posteriormente será su obra emblemática Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga
y aspecto físico, costumbres y hábitos de la República Argentina.
Emprende, amparado por las autoridades educativas de Chile, el largo y provechoso viaje que lo
llevará por distintos lugares de la América hispánica, de Europa, del norte de África, de Estados
Unidos y Canadá. Su primera parada la hará en Montevideo, donde entrará en contacto con figuras
destacadas del exilio argentino, entre ellas Bartolomé Mitre, Florencio Varela y Esteban Echeverría.
1846
Llega a Brasil, en Río de Janeiro conocerá a José Mármol. Continúa viaje rumbo a Europa. Arriba en
Francia. En Le Havre se entrevistará con el general San Martín. En Francia conocerá a Thiers y Guizot.
Sigue su ruta por distintos lugares de España (Navarra, Vitoria, Burgos, Madrid, La Mancha,
Andalucía, Valencia y Barcelona).
1847
Continúa viaje por el norte de África. Retorna a Europa, visita Italia, Suiza, Alemania y los Países
Bajos. A su regreso a París es nombrado miembro correspondiente del Instituto Histórico de Francia.
Llega a Norteamérica. Primero a Canadá, luego recorre buena parte de Estados Unidos. Regresa a
Chile.
1848
Funda, junto a su yerno, Julio Belín, La Tribuna. Se casa con Benita Martínez Pastoriza y adoptan a
Dominguito.
1849
Publica De la educación popular, tratado sobre educación primaria que ha elaborado uniendo su
experiencia y conocimientos a los sistemas observados en su viaje. Posteriormente aparecerá el
primer volumen de sus diarios de viaje, Viajes en Europa, África y América.
Funda el periódico La Crónica.
1850 Publica sus memorias, Recuerdos de provincia, y el tratado político Argirópolis.
1851
Funda el periódico Sudamérica. Se incorpora al ejército comandado por Justo José de Urquiza en
calidad de cronista militar y con grado de teniente coronel.
1852
El 3 de febrero se produce la caída de Rosas tras el triunfo de Urquiza en la batalla de Caseros.
Publica Campaña en el Ejército Grande, que contiene, entre otras cosas, un demoledor retrato del
general Urquiza. Empieza la polémica con Juan Bautista Alberdi, defensor del orden surgido después
de Caseros.
Sarmiento es elegido representante de la provincia de San Juan para el Congreso Constituyente de
Paraná.
1853
Publica Las ciento y una, cinco furibundos escritos contra las cuatro Cartas sobre la prensa y la
política militante de la República Argentina, conocidas popularmente con el nombre de Cartas
Quillotanas por el lugar desde donde fueron redactadas por Juan Bautista Alberdi.
1854 Es detenido en Mendoza y acusado de conspiración, una vez absuelto se traslada a Chile.
1855
Regresa a Argentina, se instala en Buenos Aires. Continúa la práctica periodística en las páginas del
diario El Nacional. Será nombrado profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Buenos
Aires.
1856
Miembro del Consejo Consultivo de la provincia de Buenos Aires. Desde su cargo de jefe del
Departamento de Escuela crea una red de escuelas nuevas, fomenta la traducción de textos básicos
para la enseñanza, auspicia la enseñanza de idiomas en la escuela pública.
1857 Senador del Estado de Buenos Aires.
1858
Redacta la ley para la construcción de nuevas escuelas. Asciende a Jefe de Estado Mayor del Ejército
de Reserva de la provincia.
1860 Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Estado de Buenos Aires.
1862
Designado Gobernador interino y posteriormente titular de San Juan. Creará una Quinta Normal de
Agricultura y fomentará el desarrollo agrícola y la repoblación de la provincia por medio de leyes que
dinamicen las colonias agrícolas de emigrantes extranjeros. Su gobierno, sin embargo, estuvo
marcado por la fuerte inestabilidad creada por la insurrección de las montoneras comandadas por el
Chacho Peñaloza.
Bajo su patrocinio, vuelve a publicarse El Zonda.
1863
Sarmiento es acusado de ser el instigador del asesinato del caudillo Ángel Vicente Peñaloza, El
Chacho.
Fuertes tensiones de su gobierno con el ministro del Interior del gobierno nacional presidido por
Bartolomé Mitre, por el alcance del derecho de los gobernadores provinciales a declarar el Estado de
Sitio.
Publica El Chacho, último caudillo de la montonera de los Llanos.
1864
Renuncia como Gobernador de San Juan. Mitre lo nombra Ministro Plenipotenciario ante Chile y
Perú. Tanto en Chile, como en el Congreso Americano reunido en Lima, ataca con vehemencia la
agresión española a las Islas Chincha, situación que vuelve a incomodar al gobierno de Mitre.
1865 Abandona el Congreso. Viaja a Estados Unidos, en Nueva York funda el periódico Ambas Américas.
1866 Muere su hijo Dominguito en la Guerra del Paraguay.
1867 Traduce y publica Vida de Horace Mann. Viajará a la Exposición Universal de París.
1868
Representante de San Juan en el Senado nacional. Sarmiento rechaza el cargo de Ministro del Interior
del gobierno presidido por Mitre.
El 12 de octubre toma posesión como Presidente de la República Argentina habiendo recibido 79 de
los 131 votos de los representantes del Congreso Nacional.
1874 Entrega la presidencia a Nicolás Avellaneda.
1875
Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires.
Funda la revista La Educación en la Provincia de Buenos Aires.
Senador de la Nación Argentina por la provincia de San Juan.
1879
El 9 de octubre es nombrado por el presidente Nicolás Avellaneda Ministro del Interior y Jefe de
Gabinete, en noviembre dejará el cargo.
1881 Bajo la presidencia de Julio Argentino Roca es nombrado Superintendente de Escuelas del Consejo
Nacional de Educación.
1883 Publica el primer volumen de Conflicto y armonías de las razas en América.
1885 Funda el diario El Censor desde sus páginas ataca a Roca y a Juárez Celman.
1886
Publica Vida y escritos del coronel don Francisco J. Muñiz y Vida de Dominguito.
Ante la epidemia de cólera, se le designa presidente de la Comisión Nacional de Ayuda al Interior.
1888 Muere en Asunción del Paraguay el 11 de septiembre.
Virginia Gil Amate
(Universidad de Oviedo).

SARMIENTO PRIODISTA: EL CAUDILLO DE LA PLUMA
Escrito por Diego Valenzuela –Mercedes Sanguinetti
[[[ Os lo recomiendo comprar y leer- Una joya de la investigación en el perfil de Sarmiento como periodista]]]
Algunas páginas gracias a la vista previa que nos anticiparon los autores.

AGRADECIMIENTOS
A nuestras familias y amigos, por la comprensión y el apoyo.
A los académicos que nos aconsejaron, entre ellos, Fernando Rocchi, Tulio Halperin Donghi, Ezequiel Gallo y Natalio Botana.
A los investigadores apasionados con la vida de Sarmiento con sus textos y sus opiniones vertidas a lo largo de los años en nuestros programas de televisión. Al Archivo General de la Nación, al Museo Histórico Sarmiento y al Museo Casa Natal de Sarmiento de San Juan; así como a la Dirección Nacional de Patrimonios y Museos, y a la Secretaría de Cultura de la Nación por las imágenes que retratan la vida de Sarmiento.

[Extraído del Capítulo 1 – Un Hombre Indivisible]

De Sarmiento se ha dicho y escrito mucho, aunque su vida y su obra no dejan de abrir oportunidades para el análisis histórico. En este caso, y a 200 años de su nacimiento, nuestro primer propósito fue recortar y entender al Sarmiento periodista. Pero de entrada nos topamos con un problema casi insalvable que estuvo a punto de hacernos abortar el intento. Lo explicó de manera impecable Eduardo Mallea: “Sarmiento fue el hombre más indivisible del mundo. No se puede aislar en él nada. Todos los elementos de su organismo moral se ajustaban armónicamente y el periodista Sarmiento forma tan íntimamente parte del maestro Sarmiento y del escritor Sarmiento que sólo los podemos aliar para estudiarlos”. Nos permitimos agregar, para anticipar el tono del libro, que el Sarmiento periodista es imposible de dividir del Sarmiento político.

No es posible aislar una faceta del sanjuanino dejando de lado las otras, y menos eludir el contexto en el que se desarrolló sus acciones. No es posible entender al periodista sin incluir la compleja dinámica de los acontecimientos en el fundacional siglo XIX argentino, sin entender qué lo movilizaba a hacer lo que hacía y cuáles eran sus objetivos. Porque las letras, y la prensa en particular, fueron el arma principal que usó el político, el intelectual, el gobernante, el educador que fue Sarmiento, para cumplir sus deseos y ambiciones, y así trascender.

Sarmiento fue periodista, quizás, antes de cualquier cosa. Cuando aún no existía un campo periodístico independiente y profesional, ejerció el oficio con pasión, desde su nacimiento a la vida pública hasta su misma muerte. Libró en él batallas ideológicas y políticas, y se construyó a sí mismo en la prensa. A diferencia de otros políticos de su época, como Alsina o Mitre, él no tenía un “aparato” ni una experiencia política o militar que lo pusieran en la lista de los presidenciales. Ese lugar lo consiguió desde la prensa y a fuerza de escribir y polemizar.

Si el periodista no puede entenderse sin mirar a la política, tampoco podemos pensar al escritor sin observar su forma de desenvolverse en la prensa. Su estilo como escritor lleva la marca del periodismo :audaz, práctico, punzante, siempre en busca del centro del ring para ganar la polémica. Los autores del libro intentan estudiarlo y narrarlo y para ello dividieron el libro en dos partes: la primera dedicada a poner a Sarmiento (su personaje) en su contexto histórico, conceptualizando el periodismo del siglo XIX en el que desarrolló sus acciones, observando cómo fun-cionaba la prensa, quiénes eran los lectores, analizando cómo entendía Sarmiento el rol del periodismo y cómo lo ejercía. En la segunda parte hacen un recorrido cronológico sobre las diferentes etapas de la vida de Sarmiento, desde su formación e influencias hasta su muerte en Para-guay, pero siempre con el foco puesto en su acción como periodista.

[Extraído del Capítulo 2 –El periodismo en el siglo XIX]
“Un diario es un teatro en cuya platea todos tienen el derecho de silbar al protagonista”.
Domingo Faustino Sarmiento, El Mercurio, 1842

Emprender el desafío de entender la prensa del siglo fundacional argentino, y dentro de ella a Sarmiento, requiere de una condición previa: despojarse de las concepciones que se tienen del periodismo en el tiempo presente. Es que el periodismo en buena parte del siglo XIX estaba dentro del sistema político; tener un diario o acceso a una publicación era requisito casi indispensable para tener éxito en política. Éste no fue un fenómeno exclusivo del Río de la Plata, sino que se dio en la mayoría de los países occidentales. Dos funciones convivían: la prensa era herramienta de la política y, como tal, expresión del faccionalismo político; pero era también el mayor mecanismo de trasmisión de ideas y conocimiento que existía en aquella sociedad. No es casual que importantes textos de grandes pensadores, que hicieron Historia por sus repercusiones sociales, aparecieran primero en la prensa. En Estados Unidos, el libro El Federalista- documento fundacional de la democracia norteamericana y de la cien-cia política- resultó ser la suma de 85 artículos publicados en diarios de Nueva York y otras ciudades del este de ese país por Alexander Hamilton, James Madison y John Jay para apoyar la sanción de la Constitución norteamericana. El 17 de septiembre de 1787 la Convención de Filadelfia entregóa a los estados la Constitución a ser refrendada, pero la oposición anti federalista empezó a moverse en su contra con cartas y ensayos, lo que empujó a Hamilton a publicar The Fe deralist Papers, en varios periódicos, entre ellos: Independent Journal, New Yorl Packet, Daily Advertiser, Pennsylvania Gazette, Hudson Valley Weekly, Northern Centinel y Albany Gazette. Sin ir más lejos, hasta el 18 Brumario de Carlos Marx apareció originalmente en la prensa de Nueva York. Fue escrito en diciembre de 1851 y marzo de 1852, y la primera publicación fue en 1852 en el semanario comunista Die Revolution, auspiciado por José Weydemeyer, amigo de Marx y de Engels, con el título “Der Achtzehnte Brumaire des Louis Bonaparte”. Pues lo mismo ocurría con tantos textos cruciales de la literatura y de la política argentina, entre ellos el Facundo de Sarmiento. Es que en esos tiempos se enlazaban naturalmente la administración del Estado. La ley, y la autoridad con el mundo de las letras y la prensa. Según Julio Ramos, el periodista tenía “una función ideologizante y política, que era orientar a la sociedad”. Los diarios, según el historiador Tulio Halperin Donghi, eran “boletines internos de las facciones”. Resulta imposible encontrar en esa época una prensa informativa e independiente de las pujas y de las facciones políticas, y además integrada por profesionales del periodismo. “En su nacimiento, supervivencia y muerte, el diario político estaba atado al partido que le había dado origen. Los diarios constituían la cara pública de una política esencialmente facciosa”, escribió la historiadora Paula Alonso. Todavía no existía un campo periodístico autónomo, el universo de lectores era pequeño y las posibilidades de financiamiento a través del mercado casi nulas, salvo algunas suscripciones de los amigos del editor.

En un diario político no trabajaban periodista profesionales; más bien, el escritor de un diario era un político o alguien que estaba comprometido con las ideas y posiciones de la facción o grupo político que le daba apoyo. El trabajo en la prensa era una herramienta, no un fin, y menos una profesión. La mayoría utilizaba la tribuna para hacerse notar, ganar prestigio y así escalar en política. Primaba la opinión sobre la información: Mi posición en la prensa tiene el grave inconveniente de ser muy personal. Es Sarmiento lo que leen y no El Nacional, lo que me encierra en estrechísimos límites.

No se confundan, avisa Sarmiento a sus lectores, no leen El Nacional, leen mi opinión. Quienes escribían en los diarios importantes solían ser grandes personalidades de la época; en general eran “notables” (juristas, letrados, políticos, militares) que además ejercían el periodismo. Sólo excepcionalmente las notas eran firmadas por el autor, por lo general, se utilizaba un alias o un seudónimo: el anonimato les permitía a ministros y presidentes seguir escribiendo en la prensa y participar en las discusiones públicas.

En su esclarecedor Anuario de la Prensa Argentina de la segunda mitad del siglo XIX, publicado en 1896, Miguel Navarro Viola cita los nombres de Vélez Sarsfield, Sarmiento, Goyena, Varela, Gutiérrez y Estrada al enumerar “periodistas” relevantes de la época; autores que “debían por fuerza ser literatos, con una sólida base de instrucción y fondo filosófico, pensadores muchas veces, o verdaderos estilistas, cinceladores de la frase”.

En los diarios se armaban listas de candidatos, se debatían políticas, se anunciaban revoluciones, o directamente se publicaban los artículos de los gobernantes o funcionarios, como ocurría con los de Mitre en La Nación o los de Sarmiento –firmados DFS.-, aun cuando era Presidente, en El Nacional. Según relato el periodista José Ceppi cuando trabajaba en la redacción de La Nación, en 1886, durante los tiempos previos a una
elección presidencial llegaba a duplicarse el número de publicaciones periódicas.[El escritor de la prensa de esa época no se sentía periodista en el sentido actual, sino que desempeñaba con pasión una función política, dado que desde allí se disputaba el poder y se discutían los proyectos de modernización de la sociedad. Mitre y Sarmiento, pero también Roca, lo ejemplifican muy ajustadamente.

En aquel entonces, la relación entre la ley, la administración del poder, la prensa y las letras era directa. Eran todos éstos, campos inseparables. El mismo Sarmiento cuando llegó a Buenos Aire, de regreso de Estados Unidos, como Presidente electo en septiembre de 1868: Después de una experiencia de treinta años en que he estado en la prensa, en el destierro, en el poder, se me han dicho tantas cosas que tengo una cáscara de hierro sobre mi cuerpo. Ya no me hieren los ataques de mis adversarios. Yo también he sido escritor y algunos escritos míos han abierto hondas heridas: En el fervor de la lucha de los partidos, en los momentos del combate, se esgrime como argumentos convincentes, todo lo que puede dañar; pero estos ataques no dañan al hombre honrado. Palabras de un Sarmiento es estado puro: la prensa atravesó su vida pública, fue un campo de combate y el cuchillo que todo gaucho pendenciero debía tener a mano.

Capítulo 3 En busca de un público lector

[Sólo los insensatos hacen poco aprecio de las publicaciones de la prensa, es decir, de los sentimientos, de los trabajos, que todos sus hermanos del mundo le presentan, para que se labre su felicidad”. DFS, “Periódicos”, El ZONDA, 1839 A partir de la Revolución de Mayo de 1810 y de las revoluciones americanas, el avance del periódico introdujo cada vez más imprentas y multiplicó las voces; el diarismo (término usado entonces) debía ser el antídoto contra la apatía social y la manera de hacer circular el conocimiento entre un público más amplio.

Pero la realidad era que el destinatario al que esta producción intelectual estaba dirigida era mínimo. Lo que se publicaba era en función de la puja política y tenía como objetivo a un público selecto. Basta recordar que según el censo de 1869 eran analfabetos 78 de cada 100 habitantes mayores de 7 años. En Recuerdos de Provincia (1850), Sarmiento se enorgullece de que circularan “500 ejemplares” de su libro contra Rosas Civilización y barbarie (Facundo) en toda la República Argentina. Esa cantidad, exigua hoy, era un triunfo para la época, al punto de que Sarmiento afirmaba, -exageradamente –que “no debía haber un solo federal en Buenos Aires que no lo tuviera”.

Leer un libro era una actividad para pocos y muy acotada a un grupo integrado por dirigentes e intelectuales. A mitad del siglo XIX publicar un libro era una excepción y en general la consecuencia de una serie de artículos con buena repercusión en la prensa. La librería no tenía nada que ver con la que hoy conocemos, sino que era un espacio cultural en el que se propiciaba el diálogo y la tertulia, alejado de lo popular y con una dinámica más propia de las élites. El experto en letras Alejandro Eujanián describe una de ellas: “la Librería de Mayo de Carlos Casavalle estaba con-formada por un amplio salón cruzado por dos mostradores largos y sencillos, en uno de sus lados había una librería repleta y al fondo un escritorio rodeado por media docena de sillas. Finalmente, la trastienda estaba reservada para la tertulia…” La Librería de Mayo nació después de Caseros en Buenos Aires y era la única que tenía, además, imprenta propia, lo que convertía a su dueño en “editor”. De las reuniones alrededor de aquel escritorio supieron participar, además de Sarmiento, Juan María Gutiérrez, Vicente Fidel López, Bartolomé Mitre, Nicolás Avellaneda, Dalmacio Vélez Sarsfield y Vicente Quesada.

Las tertulias en las librerías no podían funcionar como motores de un campo de lectura amplio y difundido en la sociedad, porque la dinámica que las regía era limitada. El verdadero cambio llegó de la mano de un proceso diferente, más desordenado y, sobre todo, menos tutelado por los intelectuales.

[Extraído del párrafo –Argentina aluvial]

Al avanzar la segunda mitad del siglo XIX, las cosas empezaron a cambiar con rapidez gracias a la intensa corriente inmigratoria, a la educación –que bajaba el analfabetismo-, a la difusión de las bibliotecas populares y a la capacidad de ascenso social de esos inmigrantes que se integraban velozmente a la sociedad argentina. La “Argentina aluvial”, como la llamó el historiador José Luis Romero, protagonizó una notable expansión en su población y en su mercado, los cuales –junto a la lucha contra el analfabetismo –fueron consolidando nuevos hábitos de lectura en públicos más amplios, por fuera de los letrados y los políticos. Junto a la imprenta, otras nuevas tecnologías hicieron más sencilla la circulación de ideas: el ferrocarril, el telégrafo y más tarde el teléfono.

En 1872 se publicó el Martín Fierro, una crítica de José Hernández a Sarmiento y a su Facundo. En su profundo poema sobre la vida en la frontera con el indio, Hernández no hizo más que plasmar en versos aquellas ideas que venía denunciando en artículos periodísticos. La publicación y el auge del Martín Fierro sucedieron, justamente, durante la presidencia del sanjjuanino Primero como folletín, luego como libro de 76 páginas, el texto de Hernández agotó su primera edición en dos meses. Se vendía en las pulperías junto a la yerba, el vino y el azúcar. Según el autor, estaba dirigido a crear hábitos de lectura en los campesinos: “libro destinado a despertar la inteligencia y el amor por la literatura en una población casi primitiva”.Contra todo pronóstico, el Martín Fierro logró alcanzar los 48 mil ejemplares tras su undécima edición en 1878. Todo un best-seller para la época y un éxito popular, dado que, además de leído, el texto era escuchado en las reuniones que se armaban en las pulperías por miles que no sabían leer.

Facundo y Martín Fierro son dos caras de la misma discusión; son creaciones geniales de escritores geniales, que estaban disputando el control simbólico de los acontecimientos políticos. Pero entre ellos existe una diferencia: cuando Hierro y su inseparable amigo Cruz emergen, un público lector por fuera de las élites estaba esperándolo ávidamente. Lejos quedaron entonces los 500 ejemplares de Facundo con los que Sarmiento se floreaba.

[Extraído del párrafo: EDUCAR AL SOBERANO]

¿Cómo fue posible pasar de una escritura para letrados a la difusión amplia de las ideas a través de la prensa y de los libros? Para explicar la expansión de la lectura debe recordarse que desde los ´70 hubo cierta estabilidad y crecimiento económico, lo que atrajo a muchos inmigrantes que también fueron tentados por las seductoras políticas oficiales. Entre 1870 y 1882 el país recibió medio millón de nuevos habitantes.

La primera batalla que favoreció la inclusión de esos miles al mundo de la lectura fue la que se libro contra el analfabetismo: en el censo de 1869, encargado justamente por Sarmiento cuando era Presidente, sobre 1.793.923 habitantes había un millón que no sabían leer ni escribir. Entre la población activa de Buenos Aires, los analfabetos sumaban un 38%. Entre los peones, el porcentaje era aún más elevado. El mismo Sarmiento, antes de asumir la presidencia, había alertado sobre el lento crecimiento de la escolarización, echándole la culpa a la diligencia por estar más comprometida con los estudios superiores que con la instrucción elemental y primaria. En su visión, la educación popular era el factor central de modernización y cambio social. Su antecesor, Bartolomé Mitre, en cambio, se inclinaba por la educación media y superior, impulsora de una diligencia nacional, lo que, llevó a la práctica con la creación de los colegios nacionales, iniciada en 1863 con el Nacional de Buenos

El sistema educativo nacional recién se organizó en los ´80, tras el Congreso pedagógico de 1882 y la sanción de la ley 1420 en 1884. La tasa de escolarización, sin embargo, venía creciendo desde antes: en 1850 la población escolar era de 11.903 sobre un total de 183.000 niños, lo que significaba que sólo un 6% de los chicos asistía a las escuelas; en 1869 lo hacía un 20% (82 mil sobre 400 mil); y en 1883, un 28,6%. Buenos Aires solía tener los promedios más elevados con 46% en 1869 y 64% en 1883, lo que explica que tuviera la prensa más diversa y poderosa.

Entre 1850 y 1880 hubo un notable crecimiento, junto a l público lector, del número de librerías e imprentas. Las mismas se concentraban, como es lógico, en el centro de la ciudad. En 1887, según el censo, ya había un centenar de librerías y 89 imprentas en Buenos Aires. Gran impacto tuvo la creación de bibliotecas populares durante la gestión de Sarmiento. Mediante una ley de 1870 se estableció que el Estado fuera el responsable de proveerlas y mantenerlas. Un informe de 1874 cuenta una biblioteca cada 13.500 habitantes y hace una distinción asombrosa ente los lectores y los que iban a oír leer. Estos últimos eran analfabetos interesados en informarse y cultivarse.

[Extraído del párrafo – Boom del Diarismo]

En 1867 el periódico La República inició la tradición de vender ejemplares sueltos en la calle por la módica suma de un peso. Hasta entonces, la venta se hacía sólo por suscripción. El trasgresor periódico, además fijó el precio de su suscripción en solamente 25 pesos, 15 menos de lo que cobraban La Tribuna y La Nación a sus lectores. Ya en la década de los ´80 –cuando Sarmiento disparó sus últimos cartuchos en la prensa –existía una nutrida y variada oferta de publicaciones que respondía a los cambios vividos en la sociedad: la población se había multiplicado, la educación había empezado a hacer su trabajo de integración, y el progreso social había generado empleos y nuevas oportunidades, lo que colaboraba en la consolidación de un mercado que a su vez justificaba la existencia de publicaciones mas guiadas por la demanda del público que por la política. Este cambio en el mercado generó que paulatinamente la opinión dejara paso a la información, mientras que el literato se autonomizaba por medio de la prensa gracias a que podía comenzar a vivir de ella.

Esa prensa, que era ya un híbrido entre la política y el mercado, tenía una de las mayores circulaciones de periódicos por habitantes en el mundo. Ernesto Quesada estimó en su Revista de Buenos Aires que en 1877 en Argentina se publicaban 148 periódicos, uno cada 15.700 habitantes, lo que significaba ocupar el cuarto lugar mundial detrás de Estados Unidos, Suiza y Bélgica. Cinco años después, en 1882, el país había ascendido al tercer puesto en el mundo, sumando 224 periódicos, uno cada 13.509 habitantes. Por cierto, el centro de la actividad de la prensa era Buenos Aires, donde se concentraba una proporción mayor de población alfabeta. En la ciudad capital circulaba un diario cada siete habitantes y había 40 imprentas.

En 1885 los 25 diarios que se imprimían todos los días en Buenos Aires sumaban una circulación total de 17 mil ejemplares, un promedio de 23 cada 100 habitantes, según el informe de la época que hicieron los hermanos Mullhall (Handbook of the River Plate). Esto representaba el doble que en el reino Unido para la época. Los datos aportados por el censo de la Capital federal de 1887 son el primer registro confiable de la tirada de diarios. Tanto La Nación como La Prensa imprimían 18 mil ejemplares cada uno, que se distribuían en varios puntos del país; los seguía El Diario con 12.500 ejemplares. En 1896, de acuerdo al Anuario de Navarro Viola, había en Argentina 610 publicaciones, algo menos de la mitad de ellas (279) concentradas en la Capital Federal. Para entonces el público lector ya tenía un alcance masivo.

[Extraído del párrafo – Una escritura urgente]

“He escrito algo bueno entre tanto indiferente”, se sinceró Sarmiento acerca de su nutrida obra intelectual. Fue un hombre tan apasionado por escribir que llegó al punto de mantener las persianas de su casa cerradas para no detenerse ante las distracciones del afuera. Cuando trabajaba en su casa de la actual calle Sarmiento, luego de ser Presidente, no quería saber que el día mutaba en noche, para no parar la marcha de su escritura. Tal era el frenesí que una noche cuando estaba escribiendo antes de irse a dormir, como era su costumbre desde joven, lo venció el sueño y siguió escribiendo dormido; y aunque corrigió el fragmento confuso envió al diario la versión equivocada, que fue publicada fielmente por los cajistas. Ante el desconcierto de los lectores, Sarmiento publicó un artículo al que tituló “Curioso fenómeno fisiológico”. “El trozo oscuro, inconexo, absurdo, lo he escrito dormido”, confiesa para luego explicar que “escribía, pues, sin ganas, y como un peón que tiene por delante la tarea diaria” cuando lo invadió “una invencible somnolencia” a pesar de la cual siguió escribiendo. Cuando volvió a despertar, releyó el fragmento y lo remarcó para remplazarlo por una nueva versión; paro a la imprenta llegó el borrador. Lo que parece sorprender a Sarmiento es la firmeza y claridad con las que escribió mientras estaba dormido:

Lo que he perdido un momento que habrá durado tres, cinco, diez minutos, pues recuerdo que sacudía varias veces la somnolencia y veía la frase anterior para continuar, es el dominio de la voluntad sobre la mente, descarrilándose ésta y haciéndome escribir los más donosos disparates, sin que carezcan sin embargo de sentido literal y gramatical aunque no tengan ni sentido común. Pero, ¿qué distingue a esa catarata de textos escritos con pasión a lo largo de toda su vida? Por delante de todo, está la urgencia del periodista.

Hace 150 años, los escritores argentinos vivían una realidad múltiple. Eran ministros, diplomáticos, legisladores, militares, lo que a la vez les impedía ser escritores a tiempo completo. La escritura, para ellos debía tener una función y una utilidad: no concebían la literatura para el disfrute, como lo planteara el autor de Madame Bovary, Gustave Flaubert. En carta a Louise Colet en febrero de 1852 el francés le dice a su amante que su deseo es escribir “sobre nada”, lo que expresa la intención de independencia literaria. En el mismo momento Sarmiento estaba utilizando la palabra escrita para combatir tanto a Rosas como a Urquiza en su Campaña en el Ejército Grande de Sudamérica.

“En el siglo XIX la práctica que determina el lugar de la literatura es la política”., resume el escritor Ricardo Piglia. La historia de la autonomía de la literatura, en Argentina, caminó en paralelo con la historia de la construcción del Estado. Esto puede ayudarnos a entender que el más destacado escritor del siglo XIX haya llegado a Presidente. En ese contexto, Sarmiento fue un escritor caracterizado por la urgencia de su pluma. En realidad, su escritura tiene la premura del periodismo, como notó Leopoldo Lugones: “Sarmiento fue periodista antes de ser autor de libros, circunstancia cronológica que determina, como es natural, la formación del escritor”. En su manera de ver al Sarmiento escritor, “las cualidades y defectos más prominentes de aquél, son rasgos del periodista”.

¿Qué sobresale en la pluma sarmientina? Es visceral, apresurada, desafiante, contundente. “El escritor Sarmiento es siempre urgente –apunta Lugones-. La gala literaria, resultante de un temperamento nativo de escritor, le viene al correr de la pluma. Por esto es siempre fragmentaria y comúnmente de tosco engarce. El positivismo es también su cualidad dominante, y de aquí la escasez de metáforas”. El periodista debe decir las cosas directamente, interesando sin muchas vueltas a su lector. “Sus artículos – sigue Lugones-, que conservaban el aspecto denso y la longitud, ahora, excesiva, de los desarrollos doctrinarios, se componen de hechos y de ideas”. Son artículos “macizos como vigas”, directos a la yugular del contrincante o del problema a tratar. “Si hay algo que no se le puede achacar a Sarmiento –afirma Wasserman- es que haya sido tímido a la hora de presentar ideas”. En lo temático, casi nada escapó a su pluma, pero puede decirse que todo Sarmiento trata de lo mismo: la propaganda de la civilización. Una escritura con una función pedagógica y política, porque en Sarmiento las letras fueron un medio y no un fin. Su forma de trabajar no partía de la reflexión para luego ponerse a escribir. Iniciaba los temas sin meditación previa, y por eso mismo su tono es inesperado y audaz.

Una idea bastaba para movilizarlo; entonces se ponía en marcha aún sin tener del todo claro la dirección en la que iría: “Mis ideas se arrastran al comenzar el escrito –confesó Sarmiento-, que no adquiere vigor sino a medida que avanza, como aquellos generales a quienes la batalla misma ilumina”. Por esto es que Lugones afirma que la originalidad de Sarrmiento “proviene en gran parte de su improvisación de periodista”. Con su escritura urgente Sarmiento abrió camino a una literatura nacional, pero lo que buscaba era crear instituciones y moldear formas de vida. Su es-critura estuvo orientada por la práctica y en ella la cuestión del estilo no ocupaba un lugar dominante. Le importaba se repercusión como escritor, quería ser reconocido como autor, pero además era ésa su mayor arma para encauzar sus aspiraciones políticas. Así se construyó desde la nada con su pluma, y lo consiguió a fuerza de los escritos que marcaron sus luchas. “Si fuera permitido a un escritor caracterizarse a sí mismo yo no trepidaría en señalar los rasgos principales de mis trabajos en la prensa diaria, escribió en Recuerdos de Provincia.

[Extraído del párrafo – Mirada cercana]

Miguel Cané fue un admirador de Sarmiento. Político, diplomático, hombre de la generación del ´80 y autor de Juvenilia, supo reflejar como pocos el estilo sarmientino. Cuando era redactor de El Nacional de Buenos Aires en tiempos de la administración de Avellaneda, Cané tuvo que editar notas que mandaba Sarmiento, quien tenía reservado un espacio para cuando quisiera escribir::”Era siempre el primero en la casa y los artículos que se le ocurría escribir venían directamente al gerente, que los entregaba a la composición sin darme aviso, sino en los casos en que era necesario me-char de verbos el artículo o apuntalar una que otra frase que había quedado en el aire”, escribió en Prosa Ligera. Mientras desempeñaba tareas diplomáticas en París, cané fue a observar la escultura de Sarmiento que estaba haciendo Auguste Rodin (hoy emplazada en los bosques de Palermo), entonces recordó el paso de Sarmiento por la capital francesa, y reflexionó sobre su escritura.

Sarmiento era demasiado impetuoso para mantener una corrección inalterable y si bien algunas de sus páginas tienen el exquisito sabor del fuerte y viejo castellano, al dar vuelta la hoja nos encontramos con verbos estrujados, sintaxis de fantasía, construcciones propias, genuinas, como si la originalidad de las ideas exigiera igual carácter a la manera de expresarlas.

Confiesa Cané en sus escritos que, junto a Aristóbulo del Valle, con quien corregía en El Nacional los artículos de Sarmiento, se veían obligados a “ir metiendo en las frases los verbos ausentes” porque el vehemente Sarmiento muchas veces terminaba rehén de su propia pasión y postergaba la perfección de las formas.

[Extraído del párrafo - Pedagogía y militancia]

Como lo muestran Cané y tantos otros, la prensa fue el ring en el cual Sarmiento desplegó su lucha. “Era en el periodismo el gaucho bravucón, o el montonero que curado de sus heridas vuelve a la carga con tenacidad”, lo definió su biógrafo Ricardo Rojas utilizando dos metáforas cruciales de su esquema de pensamiento sobre la barbarie, las figuras del gaucho y la del montonero versión siglo XIX. Paul Groussac coincidió en afirmar que el periodismo fue el hilo conductor de su vida: “Sarmiento ha sido periodista, y casi podría afirmarse que no ha sido otra cosa”. La doble dimensión del periodismo fue su escenario natural: ámbito para la difusión de ideas y para la lucha de facciones. Siendo muy joven, en un picante artículo de la etapa chilena, titulado “El Diarismo” (ver anexo) y publicado en El Nacional el 15 de mayo de 1841, Sarmiento define el trabajo de prensa en el siglo XIX como el gran vehículo de difusión de ideas:”El diario es para los pueblos modernos lo que era el foro para los romanos. La prensa ha sustituido a la tribuna y al púlpito; la escritura a la palabra”. El debate cívico y político, especialmente entre los sectores letrados, ocurría en la prensa. “Por el diarismo –asegura Sarmiento- los pueblos mandan, la opinión se forma y los gobiernos la siguen, mal de su agrado”. Es decir, la prensa le marca el ritmo a los gobiernos, los cuales deben tenerla en cuenta, aunque a disgusto. “Por los diarios el mundo se identifica”, apuntó en 1841, y unos años más tarde, en 1850, graficó: “Las publicaciones periódicas son como la respiración diaria”. Eran, a su entender, el escenario para la vida, desde lo banal a lo importante:

¿Qué es un periódico? Una mezquina hoja de papel, llena de retazos, obra sin capítulos, sin prologo, atestada de bagatelas del momento. Se vende una casa. Se compra un criado. Se ha perdido un perro, y otras mil frioleras, que al día siguiente a nadie interesan. ¿Qué es un periódico? (…) Un periódico es el hombre. El ciudadano, la civilización, el cielo, la tierra, lo pasado, lo presente, los crímenes, las grandes acciones, la buena o la mala administración, las necesidades del individuo, la misión del gobierno, la historia contemporánea, la historia de todos los tiempos, el siglo presente, la humanidad en general, la medida de la civilización de un pueblo. La presidencia seguramente lo hizo reflexionar sobre los límites de la prensa en un país muy convulsionado y aun en formación. Cuando Sarmiento dejó el gobierno en 1874 dio un mensaje a la población en el Congreso nacional en el que citó los hechos revolucionarios de París en 1848, denunció lo que para él eran excesos del periodismo, y directa-mente reclamó que el Congreso ejerciera su derecho de legislar sobre los abusos y delitos de la palabra impresa.

Nuestra Constitución prohíbe al Congreso restringir la libertad de imprenta. Pero esta libertad no está como ninguna otra libertad humana, en oposición y fuera de los límites de las leyes, de manera que todo lo que condenan las leyes ordinarias, no entra en la libertad de imprenta.(…)¿Dónde existe el derecho de proclamar impunemente la revuelta, el motín, la sedición que las leyes ordinarias castigan? Mi opinión es que los tribunales federales son jueces naturales de los abusos y delitos de imprenta; y puesto que la ley de justicia federal define claramente lo que es sedición o insurrección, y designa las penas en que incurren los criminales, su deber es aplicarla en los casos en que la palabra impresa provoque o aconseje la insurrección o la sedición. Hay una prensa criminal para el Sarmiento que transitaba los últimos tiempos de su gestión al frente del Ejecutivo nacional. No era otra que la prensa mitrista, la cual le hacía nada menos que la revolución. Su ex socio y padrino político se le alzó en armas, lo que lo condujo a esta visión tan dura de la prensa, hasta restrictiva de las libertades, que está contaminada dramáticamente de esa coyuntura.

Un periodismo que es “una cátedra de perversión de ideas y un incentivo al desorden”, y que lo lleva a recuperar su crítica al rosismo para establecer una comparación elocuente: “Ojalá que el historiador no observe un día que el pueblo que consintió en establecer el degüello como forma administrativa pública y asentida, sólo ha cambiado el puñal por la pluma”. Una cosa era estar en el llano y otra en el gobierno. La dureza de la prensa, el uso del diarismo para librar la guerra de facciones, en un tiempo de gobiernos débiles, lo acercó a una posición favorable a legislar
sobre cuestiones de prensa: “nuestra prensa, sin ley, es un clamoreo universal, y en materia de verdad, prudencia, justicia, es una negación” (carta a Montt octubre de 1872).

Ese sentimiento de desencanto por la propia tensión entre gobernar y soportar las críticas no fue extraño a otros gobernantes de las incipientes democracias americanas. Thomas Jefferson es un exponente clave de esa contradicción que vivió y sufrió Sarmiento. Igual que el sanjuanino, Jefferson fue un hombre que transitó el triple carril de escribir, pensar y gobernar. Un ferviente defensor de la libertad de prensa, fue autor de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, y representó a su país en Francia justo cuando se transitaba de la monarquía a la re-volución. Al volver fue elegido el tercer presidente de los Estados Unidos por dos períodos (1801 – 1809). Siendo Presidente, en 1804, escribió al Juez Tyler: “El hombre puede ser gobernado por medio de la razón y la verdad. Por lo tanto, nuestro primer objetivo debería ser dejarle abiertos todos los caminos hacia la verdad. Hasta ahora el más efectivo que se ha encontrado es la libertad de prensa”. Tres años después, le escribió a su amigo Seymour:“Me he prestado con gusto como sujeto de un gran experimento, para demostrar la falsedad del pretexto de que la libertad de prensa es incompatible con un gobierno moderado”.

Sin embargo aquel gran defensor de la libertad de prensa, al escribir en 1807 al periodista John Norvell, se permitió esta crítica abierta desde la posición del gobernante, la que revela el mismo desencanto que más tarde sintió Sarmiento: “No se puede creer nada de lo que se ve en un pe-periódico. La propia verdad se hace sospechosa al vérsela en ese vehículo contaminado. Realmente, miro con pena la gran masa de mis conciudadanos que leyendo los periódicos viven y mueren en la creencia de que han sabido algo de lo que pasa en el mundo de su tiempo”.

[Extraído del párrafo – Modernización)

Cuando Jorge Navarro Viola publicó el Anuario de la Prensa Argentina ya era evidente que el periodismo había estado cambiando, de lo puramente faccioso a lo informativo y comercial. Entre otras cosas que quedaban atrás menciona el excesivo personalismo de los diarios o la casi exclusividad que tenían literatos y pensadores a la hora de escribir en la prensa. Hacia fines de siglo, el público de los diarios ya no era sólo el de los notables: “Todo el mundo lee los diarios, desde el más encumbrado personaje hasta el más humilde changador”, afirmó Ernesto Quesada en 1883. Los diarios empezaban a estar obligados a decir que eran de algún modo independientes de la política, y cada vez vivían más de una publicidad genuina que era resultado de la ampliación del mercado. Dos cambios fundamentales habían comenzado a esbozarse: el giro hacia un financiamiento más autónomo y menos ligado a un padrinazgo político, y la apuesta por la información en detrimento de la opinión pura y dura. Pero Sarmiento, en la etapa final de su vida, siguió recurriendo a su “trompa de elefante”. No quiso ni se planteó ser un periodista de nuevo tipo. Cuando en la última parte de l siglo el periodismo empezaba a modernizarse y a separarse de la política, Sarmiento mantuvo su rumbo y siguió siendo una periodista “militante”.
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Sarmiento en la educación argentina

Historia. Educación. Pedagogía. Magisterio. Enseñanza. Domingo Faustino Sarmiento. Maestro. Planes educativos y de desarrollo.

INTRODUCCION
La figura de Sarmiento fue un pilar fundamental en la Historia de la Educación Argentina con sus ideas revolucionarias. Estas ideas se iniciaron durante su estadía en Estados Unidos como ministro plenipotenciario de la República Argentina, Sarmiento mantuvo una estrecha amistad con Mary Mann, la esposa de Horace Mann, gran educador estadounidense. Mary tradujo el Facundo al inglés y ayudó a Sarmiento a difundir su obra. Una vez que este ocupó la presidencia, Mary Mann reclutó a 67 maestras de distintos lugares de Estados Unidos, quienes se trasladaron a la Argentina. Esta forma de promover la educación, mediante la incorporación se reprodujo en otras áreas de la ciencia y de la cultura, la Escuela Normal de Paraná fue puesta bajo la supervisión del estadounidense George Stearns y el Observatorio Astronómico Argentino en Córdoba bajo la dirección de Benjamín Gould. El primer responsable de la Academia de Ciencias fue el alemán German Burmeister. Los instructores extranjeros también se destacaron en los institutos de educación militar, creado en 1869, fue confiada al militar húngaro Juan Czetz, quien había servido en la guerra contra el indio.

DESARROLLO
Para su mayor comprensión vamos a desarrollar diferentes aspectos de su gestión con respecto a la educación incluyendo el marco histórico de esa época.

PRIMERA PARTE: MARCO HISTÓRICO
En una obra central de la literatura Argentina, “Facundo”, Sarmiento presenta a Quiroga como el arquetipo de un caudillo que, en oposición a la “civilización”, era expresión de “barbarie”
“Ha nacido así y no es culpa suya, descenderá en las escalas sociales para mandar, para dominar, para combatir el poder de la ciudad...”
“...Facundo es un tipo de la barbarie primitiva, no conoció sujeción de ningún género, su cólera era la de las fieras, la melena de sus renegridos y ensortijados cabellos caía sobre su frente y sus ojos en guedejas, como las serpientes de la cabeza de medusa, su voz se enronquecía, sus miradas se convertían en puñaladas.”
Domingo Faustino Sarmiento.
¿Quién es este fornido hombre de chaqueta y barba que se proyecta tan singularmente sobre la historia
Argentina?

--1793: En San Antonio, La Rioja, nace Juan Facundo Quiroga.
--1806: Quiroga trabaja como peón en una estancia de El Plumerillo, Mendoza.
--1810: Se enrola en el cuerpo de Arribeños.
--1816: Quiroga hereda de su padre el cargo de capitán de milicias y recluta tropas para los ejército libertadores.
--1822: Quiroga es nombrado brigadier general de los Llanos de La Rioja.
--1826: Quiroga se pone al frente de un movimiento para destruir al gobernador de la provincia de Catamarca, Manuel Antonio Gutiérrez, aliado de los unitarios.
--1827: Quiroga derrota a Gregorio Aráoz de Lamadrid en la batalla de El Tala. Quiroga e Ibarra entran en Tucumán y nombran gobernador a Juan V. Laguna.
--Mediados del Siglo XIX: José Esteban Echeverría “trajo” el Romanticismo al Río de la Plata. El Romanticismo era un movimiento de ideas originado en Europa que luchaba por la libertad que los monarcas absolutistas negaban y centraban su interés en el establecimiento de constituciones liberales que aseguran los derechos individuales, muchas de estas ideas fueron incorporadas a nuestra constitución en 1853 merced a la acción de Juan Bautista Alberdi. Este movimiento abarcó los terrenos filosófico, político, social, literario y artístico, aparece en Europa en la primera mitad del siglo XIX. Se gestó en Inglaterra, se encarnó luego en Alemania y pareció posteriormente en Francia, en cada uno de estos países revistió caracteres particulares. El Romanticismo es igual a oposición, en el plano filosófico, oposición al racionalismo; en el político, al absolutismo monárquico, en el literario y artístico, a los cánones clásicos y neoclásicos. El Romanticismo entrañaba una reacción contra toda norma o regla que encausara la libertad personal, porque los románticos suponían que esta no debía aceptar barreras. Fue en el fondo un puro individualismo que dio prominencia a lo subjetivo y a lo personal como norma de conducta. Hubo dos tipos de Romanticismo: un tipo agnóstico y otro de tendencias religiosas, basadas no en una teología ortodoxa sino más bien, en una creencia difusa y confusa acerca de Dios. El Romanticismo en Buenos Aires: Como ya se dijo antes, a mediados del siglo XIX llega el Romanticismo al continente americano, especialmente a Venezuela y al Río de la Plata. Pero el Romanticismo americano careció de originalidad: fue mera copia de los movimientos europeos, del español, que fue el que llegó al Caribe y del francés que fue el que arribó a Buenos Aires. Por tratarse de un plagio el Romanticismo rioplatense careció de raigambre popular. Mientras en Francia respondía a una realidad política, en la población de Buenos Aires no representaba ninguna aspiración general o popular, no se adaptaba a la problemática nacional de aquellos años. De hecho los románticos argentinos fueron prácticamente ignorados por sus contemporáneos, y sólo mucho tiempo después trató de dárseles importancia, revalorando su aventura literario-política. Los románticos argentinos no sólo incursionan en el campo de las teorías políticas, sino también en el de las concepciones sociales y aún económicas, fueron a menudo incoherentes en sus exposiciones, como que la falta de formación y de rigor filosófico los llevaba a ser ya románticos, ya liberales, ya racionalistas; a cantar lo nacional argentino y, a renglón seguido, renegar de ello a cambio de lo extranjero; a bregar por una sociedad “socialista” al mismo tiempo que propugnaban un cerrado individualismo dentro de un Estado liberal. Debido a los veinticinco años de continuos cambios políticos y de permanentes ensayos institucionales habían hecho nacer en todas las capas sociales un deseo imperioso de seguridad, paz y orden.

¿Qué ocurría en Europa durante esa época?
--1848, 22 de Febrero: Francia: Estalla una revolución que obliga a abdicar a Luis Felipe. Se establece una Junta Provisional que proclamó la República.
--1848, Marzo: Alemania: Los nacionalistas exigieron la convocación de un Congreso elegido por sufragio universal y pidieron la proclamación del Imperio Federal Alemán.
--1848: Austria: El ministro Metternich fue obligado a renunciar y el emperador Fernando I abdicó a favor de su hijo Francisco José, quien estableció una Constitución de tipo liberal.
--1848: Estados Pontificios, Reino de Cerdeña y el de las Dos Sicilias: tampoco se salvaron del colapso revolucionario.

¿Que ocurría en el continente Americano durante esa época?
--1848: La caída de Luis Felipe en Francia facilitó un acuerdo entre la Confederación Argentina y Francia, la cual por su parte, deseaba concluir la guerra, vistos los resultados adversos de la misma.
--1851, 18 de Agosto: Juan Manuel de Rosas declaró la guerra al Brasil fundando la misma en la violación de nuestros ríos interiores y en la anunciada invasión contra la Banda Oriental.
--1851: Brasil, Uruguay y Urquiza firman un Tratado para combatir a Rosas.
--1852, 3 de Febrero: Batalla de Caseros, triunfa el Ejército Aliado.
--1852, Febrero: Luego de diecisiete años finaliza el gobierno de Juan Manuel de Rosas, sólo gozó de paz interna o internacional durante 1835 y 1836.
--1852, 11 de Septiembre: Buenos Aires se separa de la Confederación Argentina, esta separación dura nueve años.
--1852: Juan Bautista Alberdi, uno de los hombres que más influyó en la organización institucional argentina publica en Chile su libro “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”. Dio la orientación ideológica que tomó nuestro país, ideas que pueden reducirse en tres principios: liberalismo político, liberalismo económico y liberalismo reli-gioso. Claro que por liberalismo no debe entenderse una posición personal de comprensión y tolerancia, sino una concepción total del ser nacional y de los medios para lograr su concreción.
--1853, 25 de Mayo: El Congreso Constituyente reunido en Santa Fe promulgó nuestra Constitución.
--1853, 9 de Julio: Fue jurada la Constitución. Todas las provincias la aceptaron, menos Buenos Aires que se había separado de la Confederación formando un estado autónomo.
--1854, Abril: Fue aprobada la Constitución del Estado de Buenos Aires, redactada por Vélez Sársfield y Carlos Tejedor.
--1854-1860: Presidencia de Urquiza:
Trató de mantener la paz entre los Estados de la Confederación Argentina y propició la sanción de constituciones provinciales.Fomentó la inmigración de colonos europeos que se radicaron en Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos. Como la separación de Buenos Aires motivó serias dificultades económicas, el Congreso de Paraná aprobó la “Ley de Derechos Diferenciales”. Los productos que entraran en el territorio de la Confederación a través del puerto de Buenos Aires pagarían una fuerte tasa. Firmó tratados de amistad y comercio con varias naciones americanas, como Estados Unidos, Brasil y Chile. Reconoció la Independencia del Paraguay.
--1859, 23 de Octubre: Batalla de Cepeda: Urquiza derrotó a las fuerzas porteñas comandadas por Bartolomé Mitre.
--1859, 11 de Noviembre: Pacto de San José de Flores: Buenos Aires ingresa a la Confederación Argentina.
--1860: Convención Nacional: La Provincia de Buenos Aires estudia las reformas a proponer acerca de la Constitución Nacional.
--1860-1861. Presidencia del Dr. Santiago Derqui: El coronel José Virasoro, Gobernador de San Juan designado por influencia de Urquiza es asesinado. Entre los instigadores estaba el Dr. Antonio Aberastain que fue nombrado Gobernador, éste, tenía amistad con Mitre y Sarmiento. Derqui designó interventor al gobernador de San Luis, Juan Saá. Todo esto produce una
nueva ruptura entre la Confederación y Buenos Aires.
--1861, 17 de Septiembre: Batalla de Pavón, el Ejército de Mitre vence al de la Confederación en Santa Fe, Derqui presenta su renuncia.
--1862-1868: Presidencia de Mitre: Las provincias lo resisten, por lo que, continuamente debe enviar expediciones armadas, para someterlas e intervenir por decreto varias de ellas. El caudillo riojano Ángel Vicente Peñalosa se levanta en ramas para defender los pueblos de los llanos de los excesos de Mitre. Aplica el liberalismo económico: supresión de trabas, mínima intervención estatal, libre competencia, generosas franquicias para la introducción de productos extranjeros por la “Ley de Aduanas”.Explotación de productos agropecuarios.
--1863 el oriental Venancio Flores del partido colorado invade la Banda Oriental, respaldado por el Presidente Mitre y Brasil. El presidente uruguayo Bernardo Berro, del partido Blanco,
solicitó ayuda al presidente paraguayo Francisco Solano López.
--1864, Noviembre: Paraguay declara la guerra al Brasil en invade la región del Matto Grosso. Mitre le niega el paso por Corrientes a Solano López.
--1865-1870: Guerra contra el Paraguay: El congreso de Asunción le declara la guerra al “Presidente Mitre”. Paraguay es derrotado, Brasil reivindica los territorios en litigio y Argentina re-clama los territorios acordados por la Triple Alianza. Brasil obtuvo los territorios que anhelaba pero Argentina sometió la cuestión de los territorios a litigio, debido a que el ministro Mariano Varela proclamó que “la victoria no da derecho a las naciones aliadas para declarar por sí límites suyos.......”
--1868-1874: Presidencia de Domingo Faustino Sarmiento: Se realizan gran cantidad de obras públicas, aumentan las líneas férreas, se prolongan los servicios telegráficos.
--1869: Se realiza el primer Censo Nacional, en ese momento había una población de 1.830.000 habitantes.
--1873: Funda un Banco Nacional. Reafirmó la condición agropecuaria. Aumentó las exportaciones y sobre todo las importaciones, lo que ocasiona un saldo negativo en la balanza comercial. Nombra Ministro de Instrucción Pública al Dr. Nicolás Avellaneda. Levantó gran número de escuelas primarias, varios colegios secundarios y centros de estudios superiores o especializados: la Escuela Normal de Paraná, la Academia de Ciencias, el Observatorio Astronómico, el Colegio Militar de la Nación, la Escuela de Náutica, etc.
--1870, Abril: Asesinato de Urquiza. Sarmiento ordenó la intervención armada en Entre Ríos y López Jordán que había tomado el poder se refugia en Brasil.
--1874-1880: Presidencia del Dr. Nicolás Avellaneda:Asume por medio de elecciones junto con Mariano Acosta.
--1878: El fallo del arbitraje es a favor de Paraguay.

SEGUNDA PARTE: ASPECTO EDUCATIVO DE LA PRESIDENCIA DE SARMIENTO
Cuando Sarmiento llegó a la presidencia, su acción educativa llevaba ya largo tiempo y había sido tan prolífica y vocacional que impregnaría toda su obra de gobierno. Así se definía en 1867 al hablar en la Universidad de Míchigan: “Ante todo, he sido durante toda mi vida un maestro de escuela... Seré en la presidencia de la República, como siempre, ante todo, maestro de escuela”.
Iniciado a los 15 años como maestro de primeras letras en el Colegio San Francisco del Monte de Oro en San Luis; funda luego en San Juan el Colegio de Santa Rosa.Proscrito en época de la tiranía, continúa su labor en Chile donde funda y dirige la primera Escuela Normal de América Latina. Su pasión era la de educar al pueblo entero y no considerar a la educación co-mo un privilegio de un sector localizado de la sociedad. Así es que en 1849 publicó “Educación Popular”, donde sintetizó las experiencias recogidas en Estados Unidos y Europa. En 1856, en un informe para el Ministro de Gobierno, plantea el rol del Estado frente a la educación (impulsándola) y el de ésta para con los sectores de menores recursos (liberándolas de la igno-rancia y por ende de la tiranía). Hacia 1866 estudió en detalle el sistema escolar, sintetizando sus observaciones en “Las Escuelas, base de la prosperidad y de la República en Estados Unidos “.
El valor de un hombre con ideas preclaras, con planes y propuestas puede exceder las estructuras partidarias y a través de una firme decisión, impulsar cambios en beneficio de la sociedad, cumpliendo con los deberes de funcionario. En cuanto al contexto político que lo deposita en el sillón presidencial, podemos decir que Sarmiento era un candidato sin partido pero no sin programa.

Acciones durante la presidencia.
En vísperas de su asunción, Mitre había sentado las bases de la educación media con la creación de Colegios Nacionales (reservada a la futura dirigencia y cuerpo de profesionales) y la Inspección de Colegios Nacionales. El impulso educativo se hallaba jaqueado por la falta de recursos, debido a la guerra con Paraguay.
En ese panorama asume la presidencia el 12 de octubre de 1868. Desde ese instante se preocupó por la difusión popular de la enseñanza, para que la educación llegara inclusive a los estratos más bajos de la sociedad (con lo que creía que solucionaría en buena medida los conflictos y crisis sociales que tenían al país inmerso en una constante lucha interna). Impulsó la educación primaria, a la vez que amplió el alcance de la educación secundaria creando nuevos Colegios Nacionales en Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy, Catamarca y Corrientes.
Lejos de la improvisación, Sarmiento decidió verificar la realidad al promover el primer Censo Nacional de 1869. Entre los datos se destacaba que el 82% de la población era analfabeta, y que la gran mayoría de los niños no concurría a escuela alguna. Para que ellos pudiesen acceder a la educación consideraba que se debían emplear recursos del Estado, no sólo para el pago de los maestros sino para crear infraestructura-edilicia escolar.
Metodología e infraestructura fueron preocupaciones de la política educativa de Sarmiento. Por ello consideraba que para ampliar la enseñanza se necesitaba formar docentes, por lo que creó las Escuelas Normales y trajo además maestros estadounidenses para la formación y perfeccionamiento de los futuros docentes. Se impulsó la construcción de edificios destinados específicamente para la enseñanza. Sarmiento abogaba por aulas espaciosas y no gran cantidad de alumnos por curso para evitar “perturbaciones, mal estar y distracciones”.Hasta entonces solían utilizarse casas de familias refaccionadas.

La escuela según Sarmiento.
La consideraba desde dos puntos de vista: centro de la democracia y baluarte contra la barbarie. Le asignaba un papel básico para la organización de las sociedades modernas en los in-tereses morales (porque atempera las costumbres masificantes y forma buenos hábitos), materiales (porque capacita para que cada uno sea elemento y centro de riqueza) y políticos (pues al educarse en democracia se opondría a la vagancia y el desorden social). Era partidario de abolir el régimen de castigos corporales. Más allá de las Escuelas Normales y Nacionales, crecieron los establecimientos educativos en todo el país. En los 6 años de su presidencia se crearon 800 escuelas, hecho que se tradujo en que, de 30.000 chicos que se educaban en 1868, pasaron a 100.000 en 1874. La formación del Magisterio era la otra preocupación a nivel de escuelas, ya que se encontraba con la falta de maestros para cumplir satisfactoria-mente las funciones técnicas y culturales. Creó las Escuelas Normales consciente de que no basta sólo la posesión del conocimiento sino también el arte de trasmitirlo. Debía dotarse al docente de métodos, de elementos organizativos, disciplina y objetivos claros orientados por el conocimiento del espíritu humano. En 1869 el Congreso sancionó la ley que autorizaba la creación de dos Escuelas Normales. Así nació la Escuela Normal de Paraná (1870), que constaba de dos cursos: el Curso Normal (formativo de los maestros y de la educación común en la República) y el Curso de Aplicación (que brindaba instrucción elemental a los niños a través de las prácticas ejercidas por los futuros maestros). Se dotó a esta escuela de un plantel docente de origen extranjero (preferentemente norteamericanos), así como de métodos de enseñanza, disciplina, mobiliario, textos y útiles similares a los de los establecimientos de Esta-dos Unidos. Esto fue en principio criticado, pero formó parte de la audacia que Sarmiento aplicó en la convicción de acelerar el proceso educativo y la renovación pedagógica basándose en aquellas experiencias ya comprobadas en los países más desarrollados (que Sarmiento conocía en detalle y admiraba). Toma de Francia (Guizot), la influencia de la Revolución, el
concepto de formación del ciudadano, el principio de limitación del Estado en el terreno de las ideas y las bases de la política educativa, la tendencia a uniformar la instrucción pública, la sugestión del valor de la escuela premiaría el principio de la democratización de la enseñanza. De los EEUU (Mann), la orientación pedagógica imbuida de los métodos pestalozzianos que impulsaron la educación popular. Allí se formaron muchos maestros impregnados del carácter de ciencia y arte que la influencia de Pestalozzi imprimía a la labor educativa: integral, racional y creadora. Durante su gestión se pasó de 1778 maestros a 2868, pero a la vez se apoyó el crecimiento educativo fomentando por ley la creación de bibliotecas populares e impulsando el desarrollo de otras instituciones como el Observatorio Astronómico de Córdoba, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemática y la Academia de Ciencias. En su afán de promover el pro-fesionalismo en todos los órdenes, creó escuelas para militares de carrera; así fundó en 1869 el Colegio Militar y en 1872 la Escuela Naval para dar técnicas náuticas en la escuadra. Creó la Academia de Ciencias signando a sus miembros la tarea de explorar el territorio de las especies botánicas y minerales. Dotó a los establecimientos de enseñanza de material didáctico, gabinetes de física, laboratorios y colecciones de historia natural. Creó bibliotecas populares y subvencionó la publicación de todo libro útil. Estableció la primera escuela de minas y las primeras cátedras de instrucción cívica. Estableció cursos nocturnos en las escuelas y organizó sesiones de lecturas públicas en los colegios. Su concepción de la educación tuvo como característica principal su constante preocupación por adoptar las mejores soluciones de la pedagogía extranjera a las necesidades culturales del país.

La misión del maestro
Anteriormente hemos visto la importancia que Sarmiento asignaba al rol del maestro, a través de la creación de instituciones específicamente creadas en función del magisterio, define al educador como “agente civilizador”, que excede la mera instrucción (leer, escribir, contar) y actúa como intermediario entre la ciencia y el pueblo. Al compararlo con una función “sacerdotal” le imprime el carácter socializador de la educación y al maestro como iniciador de la misma, pues al incorporar hábitos y conocimientos lo proyecta como “miembro integrante de los pueblos civilizados del mundo”. Esto se asocia plenamente con el carácter redentor que el gran pedagogo concebía respecto de la educación. No debemos ocultar tampoco que en función de los recursos para sostener la educación, Sarmiento daba preferencia a contratar mujeres en lugar de varones pues en la época, el trabajo masculino era mejor remunerado que el femenino: “los maestros cuestan ochocientos pesos al mes, mientras que las maestras están bien pagadas con quinientos pesos...”. También consideraba en ese entonces que la dedicación de la mujer hacia la enseñanza era mayor que los varones. Esto se observa en el otorgamiento de becas para las Escuelas Normales, que eran concedidas a cambio de que al término de los estudios el becado se dedicara a la docencia por tres años. Se le dio preferencia a las mujeres ya que se consideraba que los hombres, en lugar de enseñar, se volcaban preferentemente a los claustros universitarios.

Sobre la didáctica y metodología
Observamos anteriormente el afán de Sarmiento por todos los aspectos intervinientes en el proceso educativo: la infraestructura, la organización sistemática, la formación profesional y las bases pedagógicas de influencia francesa y anglosajona. La forma de enseñar no escapaba a ese contexto. Se pronuncia por una educación científica y moderna, pero le da vital importancia a la enseñanza de la lectura (básico para el conocimiento e incorporación de los conceptos). Reemplazó el método de deletreo por el silábico, privilegiando por sobre la técnica fonética la expresividad. En consonancia, le asigna vital importancia al libro como instrumento civilizador y difusor de la cultura. El conocimiento de los educandos se incorpora a la metodología, dándole una dirección más clara a los objetivo de la enseñanza (teniendo en cuenta las realidades propias de los alumnos). En función de lo antedicho se afianza también el carácter y organización gradual de la enseñanza.

La educación popular
He aquí un pilar de la política educativa de Sarmiento: la difusión de la escuela popular. Consideraba al caudillismo y la ignorancia generalizada como causante del atraso social y político de la Nación. Sólo con educación podía vencerse a la opresión y la barbarie. Los maestros serían los soldados en esta cruzada, y para lograrlo se necesitaban recursos (recordemos que asume con el presupuesto debilitado por la Guerra del Paraguay). Para ello impulsa la creación de un fondo escolar alimentado de dos posibles maneras: Recursos obtenidos por la venta de tierras fiscales.Creación de un fondo público cuya renta se repartiría entre las provincias para el sostenimiento de sus escuelas. En el primer caso el obstáculo fue la oligarquía terrateniente, representada en la elite liberal que le había dado la presidencia. Sarmiento consideraba al latifundio improductivo como un avance del “desierto” por sobre la “civilización”, pero por lo antedicho vio dificultada la obtención de recursos como el desarrollo de una eficaz política colonizadora. Es así que el poder ejecutivo se vuelca por la segunda opción y promulga la ley de subvenciones que eliminó el carácter circunstancial de los subsidios y le da impulso permanente y sistemático al sostenimiento de la educación pública. Para ello se afectaron impuestos que producirían una renta segura y permanente. La fuerza educadora del período presidencial de Sarmiento se basó en su frase célebre: “educar al soberano”; Pero se refleja también en las palabras de Juan P. Ramos: “Jamás se había visto cosa igual entre nosotros, creo que no se volvió a ver después.” Los caracteres de la escuela popular de Sarmiento sentaron las ba-ses para la creación de la ley 1420: obligatoriedad escolar, gratuidad de la enseñanza, graduación de la instrucción y autonomía del gobierno escolar.

Sarmiento y su concepción de la educación
Le daba un carácter elevado y la entendía como “poder redentor”. La consideraba la fuerza capaz de sacar al país de la barbarie, hacer libres a los hombres con plena conciencia de sus derechos y morigerar las pasiones masificantes. Para el gran maestro la educación era la medida de la civilización de un pueblo, abría a la conciencia de la participación ciudadana y era la base para el desarrollo de la democracia: “no hay República sino bajo esta condición y la palabra democracia es una burla donde el gobierno...pospone o descuida formar al ciudadano moral e inteligente”. Tal vez por su adhesión al proceso civilizatorio anglosajón o por su pensamiento liberal no aplicó el poder de redención de la educación a indios y gauchos. No creía que actuaría sobre ellos y prefería suplantarlos por inmigrantes extranjeros que trajeran directamente el progreso al país. Civilización o barbarie, en ese contexto podía entenderse el pensamiento y la pasión de Sarmiento. Para ello se propuso educar al soberano en una acción constante y decisiva que muy bien conoció su ministro de instrucción pública Nicolás Avellaneda. Éste realizó una brillante labor, interpretando el valor y las convicciones del pensamiento de Sarmiento, quien a su vez lo postula como sucesor en el nuevo período presidencial en el que triunfa. No en vano, el Congreso de Panamá de 1943 proclamó a Domingo F. Sarmiento con el merecido título de “Educador de América”. Algunos autores como Gustavo F. J. Cirigliano tienen hipótesis diferentes sobre la concepción de Sarmiento acerca de la educación, basando ésta, en necesidades económicas y no tanto políticas. Según esta hipótesis el sistema educativo creado en las últimas décadas del siglo XIX sería una respuesta a los requerimientos de una estructura económica dependiente basada en la exportación de materias primas y concentrada en las actividades portuarias. La estructura educacional del país, según Cirigliano estaba pensada en función de preparar funcionarios portuarios. Individuos discretamente cultos, literaria y espiritualmente alineados, teóricamente preparados para la vida de la gran urbe, pero de hecho inútiles para salirse de la esfera de lo aprendido y fundamentalmente dependientes. Esto fue posible porque la estructura educacional del país fue pensada para Buenos Aires concebido como simple puerto. Este puerto capitalino para toda la maniobra de importación, depósitos, control y exportación y necesitaba una hilera de burócratas, desde los más altos abogados presidenciales, hasta el más modesto escribiente. Y a esa formación estaba
orientada la educación de manera proporcional y en los tres niveles.

CONCLUSIÓN
Con este trabajo acerca de la gestión de Sarmiento en el ámbito educativo pudimos evaluar los aspectos positivos y negativos de este período. Como aspecto positivo podemos mencionar que, en la historia de la educación Argentina siempre va a existir un antes y después de Sarmiento, ya que con sus ideas revolucionarias el nivel de educación en el país tuvo un crecimiento nunca visto, se pasó de un sistema educativo un tanto primitivo y accesible para unas muy pocas personas como era le educación del período colonial, a un incremento muy importante en la cantidad y calidad de escuelas de los tres niveles, destacándose la creación de Escuelas Normales para no tener que seguir trayendo educadores extranjeros sino para formar nuestros propios educadores aquí, llegaban al país todos los avances en materia de pedagogía provenientes de Estados Unidos y Europa y muchos colegios estaban equipados con bibliotecas
y avanzados laboratorios, además el sistema educativo se popularizó ya que la matrícula de alumnos se incrementó año tras año; El aporte que hizo Sarmiento a la educación en este sentido es indiscutible. Como aspecto negativo encontramos que si bien, en parte, la educación se volvió accesible para mucha gente quedaron excluidos indios y gauchos debido a que Sarmiento los consideraba “bárbaros”. Como su modelo educativo provenía de Estados Unidos y Europa, donde no había indios ni gauchos, tal vez, se deberían de haber adaptado esos conocimientos en cuanto a pedagogía y los contenidos de los programas para poder hacer la educación accesible a ellos también, con educadores que comprendieran su cultura e impartiéndoles conocimientos más acorde a la realidad e intereses de estos dos grupos, por ejemplo, acerca del campo y su manejo, para de ese modo sí, lograr la inserción de todos los habitantes de este suelo.

BIBLIOGRAFÍA:
--Historia Visual de la Argentina. Tomos II y III. Invitación al Saber de la “Biblioteca Clarín”. Año 2000.
--Educación y Futuro. Gustavo F. J. Cirigliano. Páginas 80 y 81. Librería del Colegio. Buenos Aires. Año 1969.
--Historia Argentina, 1806-1995, una mirada crítica. Eggers-Brass, Teresa. Editorial Maipué. Buenos Aires.
Febrero 1999.
--Historia Institucional Argentina y Americana. Segunda Parte: Desde 1810. S. Fernández Arlaud. Editorial
Stella, Buenos Aires. 12º edición. Enero 1985.
--Historia de la Educación Argentina. Ethel. M. Manganiello. Editorial Librería del Colegio. 2º edición. 1981.
--Historia de la Educación Argentina. Manuel Horacio Solari. Editorial Paidós. 12º edición. 1988.

BIOGRAFÍAS Y VIDAS
LA ENCICLOPEDIA BIOGRÁFICA EN LÍNEA

Domingo Faustino Sarmiento

(San Juan, 1811 - Asunción del Paraguay, 1888) Político y escritor argentino, presidente de la República entre 1868 y 1874 y autor de una copiosa producción periodística, pedagógica y literaria, entre la que sobresale su novela Facundo o Civilización y Barbarie (1845).

Domingo Faustino Sarmiento

Su padre, José Clemente Quiroga Sarmiento y Funes, era un soldado veterano de las guerras por la independencia de Argentina, y su madre, que había perdido muy joven a su propio padre, tuvo incluso que vender su vestuario y enseres para poder costearse una casa propia. Hijo pues de una familia humilde, aunque vinculada a las casas más tradicionales y representativas de la ciudad, el pequeño Faustino asistió desde los cinco años a la recién creada Escuela de la Patria, en la que a lo largo de nueve años recibiría su única educación sistemática.

Su formación se vería ampliamente complementada bajo la guía de los presbíteros José de Oro y Juan Pascual Albarracín, con los que tenía parentesco, y por su propio esfuerzo autodidacta. En 1826, con solamente quince años, Domingo Faustino Sarmiento creó su primera escuela en San Luis, en San Francisco del Monte de Oro. Tenía como alumnos a jóvenes de su misma edad e incluso mayores que el maestro; a todos ellos les contagiaría su insaciable curiosidad, su afán de aprender y su pasión por los libros.
Tras la proclamación de la independencia en el Congreso de Tucumán (1816), las Provincias Unidas del Río de la Plata (la actual Argentina) vivían por aquellos años una etapa de violentos conflictos entre unitarios y federales que se prolongaría durante décadas. Los unitarios propugnaban el establecimiento de un gobierno centralizado en Buenos Aires; pero la opción federalista (constituir un estado federal que dotase de máxima autonomía a cada territorio) tenía mucha fuerza en las zonas rurales y era apoyada por los poderosos caudillos de las distintas provincias.

En 1829, con dieciocho años, Sarmiento vio pasar por San Juan una montonera encabezada por el caudillo Facundo Quiroga. Tal episodio revestiría importancia decisiva en su configuración ideológica, política y literaria: horrorizado por el violento despotismo de los caudillos federales, y siguiendo sus ideales liberales e ilustrados, Domingo Faustino Sarmiento se hizo unitario y se unió al ejército que luchaba contra Facundo Quiroga, a quien retrataría años después en Facundo (1845) como encarnación de la barbarie.

En Chile

Derrotadas las fuerzas unitarias en la batalla de Chacón, Sarmiento se vio obligado a emigrar a Chile (1831), en donde trabajó como maestro, minero y empleado de comercio. El asesinato de Facundo Quiroga (1835) y la política del gobernador de San Juan, el general Nazario Benavídez, posibilitaron en 1836 el regreso de Domingo Faustino Sarmiento a su provincia, en la que fundó una sociedad literaria, un colegio de señoritas y, en 1839, el periódico El Zonda.
Pero a finales de 1940, la línea ideológica antifederalista del periódico le obligó a emigrar nuevamente a Chile, donde ejerció el periodismo y cultivó la literatura. Fue redactor de El Mercurio y El Heraldo Nacional, colaboró en El Nacional y fundó El Progreso. Dentro del amplio registro de temas que abarcó Sarmiento en su labor periodística destacan los de crítica teatral y los costumbristas. Los signos de admiración, las preguntas retóricas, la imprecación, la broma y la sátira eran las marcas estilísticas de la pasión romántica que Sarmiento volcó en sus trabajos, realizados mayormente en forma anónima, aunque varios de sus artículos aparecen firmados con el seudónimo de "Pinganilla", nombre de un mono de circo famoso por entonces en Chile.

Domingo Faustino Sarmiento

En 1842 mantuvo diversas controversias sobre las características de la lengua castellana en América. Imbuido de las ideas románticas, Sarmiento sostuvo que el pueblo debe tener entera soberanía en materia de lengua, y que los gramáticos eran "el partido retrógrado de la sociedad habladora". En nombre de éstos respondió el venezolano Andrés Bello, respetado autor de una Gramática de la lengua castellana (1847) que aún sigue siendo obra de consulta. Bello sostuvo que la causa de degradación más importante del castellano era la introducción de palabras extranjeras, sobre todo francesas, y que sólo un cuerpo de sabios estaba autorizado para establecer las leyes del lenguaje correcto, que no era tarea del pueblo ni de "románticos licenciosos".

La polémica, que se prolongó durante dos meses en diversos artículos publicados en la prensa chilena, pasó a la historia como una versión americana de las disputas intelectuales que en Europa habían sostenido clásicos y románticos acerca de cuestiones de lengua y literatura. En 1843, Sarmiento elevó un proyecto de reformas ortográficas, aprobado al año siguiente pese a las acusaciones de "afrancesado" de que fue objeto. Ese mismo año, Domingo Godoy inició una campaña en contra de la labor periodística y cultural de Sarmiento, lo que movió a éste a escribir y publicar Mi defensa, obra de sesgo autobiográfico.

Facundo o Civilización y Barbarie (1845)

En 1845 llegó a Chile un enviado del dictador argentino Juan Manuel de Rosas (1835-1852) para protestar por la campaña antirrosista que estaban llevando a cabo en el país andino los exiliados argentinos. Este hecho precipitó una rápida réplica literaria por parte de Sarmiento: la publicación por entregas, en el periódico El Progreso, de Facundo, que meses más tarde el autor reunió en el volumen Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga. Las ediciones modernas tienden a titularlo Facundo o Civilización y Barbarie o simplemente Facundo, conservando el título de la primera publicación por entregas.

El libro es en su mayor parte una biografía novelada del caudillo federalista Juan Facundo Quiroga, muerto diez años antes. Desde el punto de vista de Sarmiento, Facundo Quiroga había prefigurado el mal que en el presente encarnaba Juan Manuel de Rosas: si Quiroga es la barbarie espontánea, producto de un medio adverso y unos hábitos primitivos, Rosas representa la barbarie institucionalizada, fría y sistemática, y en este sentido la obra es tanto un alegato contra el régimen de Rosas como una indagación en sus raíces.
La convicción de la decisiva influencia del medio físico sobre el carácter y las costumbres de sus habitantes, así como su vivaz descripción, se apoya en un planteamiento poco sistemático (el libro no es en puridad ni una biografía, ni un ensayo, ni una novela, sino una singular mezcla de esos tres géneros) y, sin embargo, plenamente eficaz para la finalidad propagandística y política de la obra. Después de cuatro capítulos dedicados al medio geográfico y social y a la historia reciente del país, los capítulos V-XIII presentan la biografía novelada de Facundo; los dos últimos contienen el examen del presente y la mirada del autor al porvenir.

Según Sarmiento, los desastres acaecidos en la nación desde la independencia son el resultado del enfrentamiento entre la civilización (refugiada en las ciudades, centros de orden, progreso, trabajo organizado y cultura) y la barbarie, producto de la influencia del medio pampeano, en cuyos rudos habitantes (los gauchos) se manifiestan los hábitos sociales primitivos y el desorden ciego de la naturaleza. Para el autor, la esperanza transformadora de Argentina sólo puede radicar en un programa de reconstrucción nacional, educativo, que salve el abismo entre la sociedad civilizada y la que se ha forjado al margen de ella en las provincias.

De ahí que Sarmiento definiera el libro como "la visión de un país por un joven ansioso de actuar desde dentro como fuerza transformadora". Pero las extraordinarias dotes de observación y la magnificente fuerza de la prosa de Sarmiento hacen que Facundo supere ampliamente las circunstancias de su gestación y de sus propósitos políticos para convertirse en una de las obras más singulares e irreductibles de la literatura argentina.

En 1845 su prestigio como pedagogo hizo que el entonces ministro y futuro presidente de Chile, Manuel Montt, le encomendase la realización de estudios sobre los sistemas educativos de Estados Unidos y Europa. Con tal fin viajó por numerosos países europeos y por los Estados Unidos, y de regreso en Chile publicó Educación popular (1848), donde sostiene que la educación primaria y las bibliotecas públicas son el remedio más eficaz para combatir el atraso y la ignorancia. Previamente, también por encargo de Montt, había escrito un Método gradual de lectura con el que aprenderían a leer varias generaciones de chilenos. En 1849 recogió las impresiones de aquel periplo en el epistolario Viajes en Europa, África y América, donde mostró su entusiasmo por la democracia del sistema norteamericano, que consideró modélica. Esa misma idea inspiró en 1850 su obra Argirópolis, proyecto de una capital de los Estados Confederados del Río de la Plata.

También de 1850 es Recuerdos de provincia, una interesante autobiografía en la que Sarmiento evoca recuerdos de su infancia y presenta retratos de diversos personajes que tuvieron parte directa en la formación de la nación argentina; el relato procede por cuadros rápidos, llenos de nervio y de vigor pintoresco. El autor encuentra, al narrar sus juegos infantiles, la psicología fresca y encantadora del niño; escribe páginas de temblorosa emoción al retratar a su madre; y con afecto singular recuerda a su maestro, José de Oro. Por su fina ironía y su franco realismo, los Recuerdos de provincia son, junto con su Facundo, su libro más vivo.

La presidencia de Sarmiento

En 1850, previendo el levantamiento de Justo José de Urquiza, Sarmiento se embarcó hacia Montevideo, desde donde pasó a Entre Ríos para ponerse al servicio del ejército rebelde. Urquiza lo nombró teniente coronel y le encomendó la redacción del boletín del ejército. Tras vencer a Rosas en la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852), Urquiza asumió la dirección provisional de la Confederación Argentina, promulgó la Constitución de 1853 e inició su periodo presidencial (1854-1860).
Disgustado con Urquiza por creerlo orientado hacia la dictadura, Sarmiento se había expatriado voluntariamente poco después del triunfo en la batalla de Caseros. Primero viajó a Río de Janeiro y luego a Chile, donde en 1852 publicó Campaña en el Ejército Grande, libro que precipitó una violenta polémica con Juan Bautista Alberdi acerca de cómo debería regirse el país tras la caída de Rosas, la cual fue origen de Las ciento y una (colección de las cartas de Sarmiento) y de las Cartas quillotanas (colección de las de Alberdi).
Con su regreso en 1855 a Buenos Aires se inició la etapa más gloriosa en su destino de constructor de la nueva Argentina. Sarmiento se convirtió en editor en jefe del periódico El Nacional y desempeñó sus primeros cargos políticos como concejal (1856) y senador provincial (1857-1861). De hecho, a partir de 1860, la vida de Sarmiento está signada sobre todo por su dedicación a la política activa. Ese año fue designado ministro del gobierno presidido por Santiago Derqui (1860-1861); en 1862 fue electo gobernador de San Juan, y en 1864 el presidente Bartolomé Mitre (1862-1868) lo nombró ministro plenipotenciario en Estados Unidos.

En una fotografía tomada hacia 1874

Durante su permanencia en Estados Unidos, Domingo Faustino Sarmiento fue elegido presidente de la República (1868-1874). El Journal des Débats de París, al conocer la elección de Sarmiento, escribió: "el pueblo argentino se honra a sí mismo eligiendo para presidente a un maestro de escuela, prefiriéndolo a
un general". Regresó a la patria el 30 de agosto de 1868 y asumió el mando el 12 de octubre. Su gobierno fue uno de los más fecundos que tuvo el país; durante el mismo se realizaron numerosos progresos y adelantos. La estancia en los Estados Unidos le había aportado numerosas ideas nuevas acerca de la política, la democracia y la estructura de la sociedad.
La contribución más notable de su presidencia fue sin duda su obra educativa. No sólo creó escuelas primarias, sino que auspició nuevos métodos de enseñanza y contrató educadores europeos para instruir a los maestros; creó nuevos colegios nacionales; inauguró la Escuela Normal de Paraná e hizo llegar de Estados Unidos a maestras normales, que desarrollaron en el país una tarea proficua. Para Sarmiento, la educación era la base de la democracia, y había que conseguir la cultura del pueblo a cualquier precio. Entre 1868 y 1874, los subsidios para la educación del gobierno central a las provincias se cuadruplicaron. Se fundaron hasta ochocientas instituciones educativas, lo que permitió acoger a cien mil nuevos alumnos.
Sarmiento impulsó asimismo la modernización general del país, promoviendo las obras públicas y las infraestructuras, especialmente las destinadas al transporte (líneas férreas, navegación fluvial, tranvías urbanos) y a las comunicaciones (telégrafos y correos). Sin embargo, no acabó siendo un presidente excesivamente popular. El país se embarcó en la Guerra de la Triple Alianza (1868-1874) contra Paraguay, y el gasto en obras e infraestructuras incrementó la inflación y el déficit público.
El inicio de la afluencia masiva de inmigrantes provenientes de Europa, por otra parte, fue señalado como la causa del brote de fiebre amarilla que padeció Buenos Aires y que estuvo a punto de causar una guerra civil. Cabe apuntar que todavía entonces seguía abierta la rivalidad entre Buenos Aires y las provincias. En 1873, Sarmiento fue el blanco de un fallido intento de asesinato a cargo de dos hermanos anarquistas italianos, que dispararon contra el coche en que viajaba. Al parecer, fueron contratados por el caudillo federalista Ricardo López Jordán.

A lo largo de la presidencia de su sucesor, Nicolás Avellaneda (1874-1880), Sarmiento fue designado senador por la provincia de San Juan, director de Escuelas de la provincia de Buenos Aires y ministro del Interior. Durante el mandato de Julio Argentino Roca (1880-1886) ejerció todavía el cargo de superintendente general de Escuelas y promovió la aprobación del decreto que establecía la educación gratuita (1882). En 1883 vio la luz una de sus obras más discutidas: Conflicto y armonías de las razas en América. Retirado posteriormente de la política, en 1888 se trasladó a Paraguay, en cuya capital falleció. Sus Obras completas, reunidas en cincuenta y tres volúmenes, se editaron entre 1884 y 1903.