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Siento una inmensa gratitud hacia Dios, a la Vida, a nuestros padres, maestros, profesores. Foto de Mi querida escuela SARMIENTO y su emblemático ficus al que llamamos San Antonio.

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03/04/2007 Siento una inmensa gratitud hacia Dios, a la Vida, a nuestros padres, maestros, profesores. Foto de Mi querida escuela SARMIENTO y su emblemático ficus al que llamamos San Antonio.


Desde 1962 a 1974

La escuela fue algo muy especial en mi vida. Una etapa preciosa, enriquecedora y difícil de olvidar porque lo que allí me ensañaron y aprendí forma parte de lo que soy. Mi reconocimiento hoy, es especialmente para mis maestros, profesores, compañeras Sarmientinas y personal no docente de la escuela, a los loritos, a Don Valentín, al chófer del autobús del centro, al personal de cocina y limpieza, a la Dirección Srta. María Elena Saleme y María Elena Dappe de Cuenya, a la Secretaría [Chinchina Alonso de Padilla, Teresita Sorense, María Luisa Neme, Nora Porcel] a la Dra. Marcolongo, a la Dra. Esperanza Zelaya, a Adelita Navarro la Bibliotecaria… que sembraron valores, enseñanzas y ejemplos desde el afecto sincero y el compañerismo auténtico.
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Foto de Mi querida escuela SARMIENTO y su emblemático ficus al que llamamos San Antonio.

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La higuera
[Poesía de Juana Ibarbourou]

Porque es áspera y fea;
Porque todas sus ramas son grises,
Yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos;
Ciruelos redondos,
Limoneros rectos
Y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
Todos ellos se cubren de flores
En torno de la higuera.

Y la pobre parece tan triste
Con sus gajos torcidos que nunca
De apretados capullos se visten…

Por eso,
Cada vez que yo paso a su lado
Digo, procurando
Hacer dulce y alegre mi acento:
-Es la higuera el más bello
De los árboles todos del huerto.

Si ella escucha,
Si comprende el idioma en que hablo
¡Qué dulzura tan honda hará nido
En su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
Cuando el viento abanique su copa,
Embriagada de goce te cuente:
-Hoy a mi me dijeron hermosa.

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Nuestro querido árbol, San Antonio, bajo cuya sombra reímos, estudiamos y fuimos felices.

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Una época inolvidable de nuestras vidas. Un legado que llevamos con orgullo allí donde vamos. Un sentir que no se puede explicar con palabras.
"En la Escuela Sarmiento se aprende a no caer nunca en la pasividad estéril, en la indiferencia escéptica ni en el rechazo de responsabilidades". Pensamiento de la Srta. María Elena Saleme [ex alumna, ex docente y ex directora de la escuela - es la autora de esta frase que caló hondo en el corazón de cientos de egresadas que aún hoy la repiten con nostalgia y convicción].

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Educación es algo que reciben los más, que muchos transmiten y que pocos tienen.
Carl Kraus

Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento – Rivadavia 29 – San Miguel de Tucumán
La educación es la trasmisión de la civilización.
Will Durant (1885-1981)
Escritor y filósofo estadounidense.
La educación ha logrado que las personas aprendan a leer, pero es incapaz de señalar lo que vale la pena leer.
George Travelyan
La educación, más que cualquier otro recurso de origen humano, es el gran igualador de las condiciones del hombre, el volante de la maquinaria social.
Horace Mann (1796-1859) Educador estadounidense.
La tarea del educador moderno no es podar las selvas, sino regar los desiertos.
Clive Staples Lewis (1898-1963) Escritor británico.

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Mis compañeras Sarmientinas, juntas recorrimos un largo camino, desde 1962 a 1974

yO soy la que lleva puesto el delantal a cuadritos que usaba para pintar. Contando de izquierda a derecha soy la cuarta en la primera fila de las que estamos sentadas en el suelo. Tucumán 1962

Abrid escuelas y se cerraran cárceles.
Concepción Arenal (1820-1893)
Escritora y socióloga española.

El principio de la educación es predicar con el ejemplo.
Anne Robert Jacques Turgot (1727-1781)
Político y economista frances.

Enseñar es aprender dos veces.
Joseph Joubert (1754-1824)
Ensayista y moralista francés.

La clave de la educación no es enseñar, es despertar.
Ernest Renan (1823-1892) Escritor francés

La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser.
Hesíodo (Siglo VII AC-Siglo VI AC) Poeta griego.

La elección de un sistema de educación es más importante para un pueblo que su gobierno.
Gustave Le Bon (1841-1931) Psicólogo francés

Nunca he encontrado una persona tan ignorante de la que no pueda aprender algo.
Galileo Galilei (1564-1642) Físico y astrónomo italiano.

No hay malas hierbas ni hombres malos; sólo hay malos cultivadores.
Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.

No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino.
Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino.

Todo lo que se le enseña a un niño se le impide inventarlo o descubrirlo.
Jean Piaget (1896-1980) Filósofo y psicólogo suizo.

Todo lo que se llama estudiar y aprender no es otra cosa que recordar.
Platón (427 AC-347 AC) Filósofo griego.

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Mis compañeras

1- Susanita Córdoba, 2-Elenita Morinigo, 3-Mariana Moreno, 4- Debbie Mocsáry, 5- Susanita Cisneros, 6- Virginia Muñiz, 7- Silvia Boggiatto , 8- Cristina López, 9- Ana Ida Massino, 10- Marcela Leiva, 11- Mónica Focke, 12- Adriana Colombres, 13- Lucrecia Pascual, 14- Silvia Chivirini, 15- Anita Kantarovsky, 16- Silvia Acosta, 17- Judith Torres, 18- Marcela Dos Costa, 19- Teresita Winnick, 20- Marilyn Gramajo, 21- Estela Salas, 22- Helenita Antoni, 23- Gilda Palazzi, 24- Beatriz Rojas Marteau, 25- Anita Graciela Castro, 26- Patricia Mizrahi, 27- Mabel Mentz y 28- Claudia Pérez Miranda.

Y las que se incorporaron luego y no están en esta fotografía son: Diana ¿?, Pilar Amenábar, Martita Casen, Lidia Staszewski, Inés cabrera, Sonia Kurganoff, Inés Boggiatto, Elsita Fernández, Alicia Enrico, Patricia Nicolás, Teresita Silberman, María Esther Álvarez Toledo, Moni Mamani, Ana María Pissarello, María Elena López, Marta Cuenya, Cristina Bartolucci, Frida Bonaparte, Alicia Enrico, Patricia Macor y Viviana Piscitelli. Creo no haberme olvidado de ninguna.

Luego al dividirse los Bachilleratos, las alumnas de los cursos 8º A y el 8ºB nos mezclamos. No tengo muy presente en la memoria el nombre de todas estas compañeras pero intentaré recordarlas. Y pido perdón a las que involuntariamente haya omitido. Pueden escribirme y las agregaré: Liliana Araujo, Cristina Rojo, María Isabel Villa Ribot, Ana Lía Carrasco, Graciela Rosemberg, Teresita Heredia, Graciela Mirkin, Silvia Cristo, Tessie Madariaga, Graciela Lizondo, Ruthy Blanca, Ruthy Elgart, Mirta Csiesla, Norita Lescano, Patricia Hesbert, Adriana Laressi, Ana Fernández, María Eugenia , Silvia Wagner y…..

Maestras, profesores y personal no-docente: Srta. Edel Douguech, Gladys Valero, Srta. Teresita Manzur, Srta. Juana Rosa Rotundo; Sra de Salvatierra (Educación física), Srta. María Luisa Neme (Labores) Srta Celia (de dibujo), Sra. Blanquita Cobo de Figueroa (taquigrafía-mecanografía), Srta Elvira Orella (Historia), Sra. Rosita Parra (Geografía), Srta. Tagliafico (Lengua y Literatura), Sra de Yeppe (Biología), Sra de Prado (Biología), Profesor Raya (Biología), Profesor Rotundo (Contabilidad), Profesor Razzuri (Matemáticas), Sra. Imelda Cisneros de Cuenya (Química), Sra. De Luchoni (Física), Sra. De Röhemmer (matemáticas), Srta. Rotundo (Inglés), Sra. De Porta (Música), Srta. Anita (de Música), Srta. Lita Vallejo (Educación Física), Sra de Cabaña (Literatura), Sra Amelia de Mendilharzu (Historia), Sra de Avellaneda (Historia), Magada Rougés (Francés) y otros muchos profesores estupendos que no llegue a disfrutarlos.

Creo que va a resultar complicado identificar a las chicas sin tener la otra fotografía al lado. En el PDF que colgare en "ESCRITOS" lo podréis ver mejor. Pero en estas páginas no puedo más que subir una imagen. ¡Qué pena! Pero esperen se me acaba de ocurrir algo.... pasen a la siguiente página.... ¡SORPRESAAAA!

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Tendremos que mirar con una lupa los nombres. No creo que ninguna de nosotras pueda hacerlo a simple vista o al menos necesitaremos gafas.

Uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos.
Carl Gustav Jung (1875-1961) Psicólogo y psiquiatra suizo

Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos mucho más todavía.
Proverbio hindú

El maestro que intenta enseñar sin inspirar en el alumno el deseo de aprender está tratando de forjar un hierro frío.
Horace Mann (1796-1859)
Educador estadounidense.

Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.
Pitágoras de Samos (582 AC-497 AC)
Filósofo y matemático griego.

En el estudio no existe la saciedad.
Erasmo de Rotterdam (1469-1536)
Humanista neerlandés

Enseñar a quien no quiere aprender es como sembrar un campo sin ararlo.
Richard Whately (1787-1863)
Arzobispo anglicano y educador británico

La clave de la educación no es enseñar, es despertar.
Ernest Renan (1823-1892)
Escritor francés.

La educación es el desarrollo en el hombre de toda la perfección de que su naturaleza es capaz.
Immanuel Kant (1724-1804) Filosofo alemán.

La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo.
Nelson Mandela (1918-2013)
Abogado y político sudafricano

La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón.
Howard G. Hendricks Intelectual y escritor estadounidense

La naturaleza hace que los hombres nos parezcamos unos a otros y nos juntemos; la educación hace que seamos diferentes y que nos alejemos.
Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino

La mayor parte de la gente confunde la educación con instrucción.
Severo Catalina (1832-1871)
Periodista y escritor español

Muchos estudiantes toman al estudio como un líquido que hay que tragar, y no como un sólido que debe masticarse. Luego se preguntan por qué
proporciona tan poco nutrimento real.
S. Harris

Puesto que estamos destinados a vivir nuestras vidas en la prisión de nuestra mente, al menos amueblarla bien.
Peter Alexander Ustinov (1921-2004) Actor estadounidense

Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñes.
José Ortega y Gasset (1883-1955)
Filósofo y ensayista español

Sobre la educación, sólo puedo decir que es el tema más importante en que nosotros, como pueblo, debemos involucrarnos.
Abraham Lincoln (1808-1865) Político estadounidense

Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede decir dónde acaba su influencia.
Henry Adams (1838-1918) Escritor y historiador estadounidense

Uno de los principales objetivos de la educación debe ser ampliar las ventanas por las cuales vemos al mundo.
Arnold H. Glasow

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Foto: Gilda Palazzi, Mónica Focke y Estela Salas

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Los campamentos en la Ciudad Universitaria junto con las excursiones de las clases de Biología, fueron de entre los muchos recuerdos de aquella etapa, unos de los mejores guardados por mi memoria.
El contacto con la naturaleza, desde siempre impregna mi existencia con una renovadora fuerza motora
capaz de impulsar profundos cambios en la concepción de las cosas.

No hay nada tan eficaz como una bocanada de aire puro para renovarnos el espíritu. La naturaleza ha sido y es, al menos para mí, una cómplice perfecta a la hora de que esos grandes y profundos cambios se produzcan en mi vida.
La Canción del Adiós, es la canción que entonábamos cada final de campamento alrededor de una enorme y emotiva fogata. Existen varias versiones de letras diferentes pero la nuestra, la que las sarmientinas cantábamos es la que transcribo a continuación.
Es una canción preciosa que nos habla de amar y recordar a los amigos que llegan o se marchan de nuestras vidas por diferentes circunstancias.

Canción del Adiós

Se va la luz, se esconde el sol
Pero siempre ha de brillar,
La antorcha que en su fuego da
El calor de la amistad.
Amemos al amigo de hoy
Recordemos al de ayer,
Amigos aunque lejos estén
Siempre amigos han de ser.
Adiós, adiós nunca quizás
Podremos regresar
Pero en la brisa quedará
El calor de la amistad.

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Carta a la Sra. María Elena Dappe de Cuenya - Rtte: Deibi Mocsáry
Mallorca, 2004
Carta dirigida a María Elena Dappe de Cuenya
Queridísima “Señorita María Elena”
Desde que la llamaba así han pasado más de tres décadas, por entonces sólo era una niña; en cambio, hoy tiene frente a usted a una mujer de firmes principios, madura, equilibrada y que por sobretodo intenta ser justa y; para lograr dicho propósito, lucho cada día con gran tesón, pues como bien reza el dicho, la nobleza está en la madera, no en el barniz.
Esta es una buena oportunidad para decirle que la recuerdo con el mismo cariño que antaño pero que la valoro muchísimo más de cómo podía hacerlo entonces.
Como olvidar su voz y su manera inconfundible de pronunciar mi nombre, ya que era usted la única persona de toda la escuela que me llamaba “Deibi” en vez de “Debi” con esa ternura que la caracterizaba.
Aunque le cueste creer le confieso añoranza por aquellos años, pues fueron sencillamente “maravillosos”.
No me han faltado ocasiones para hablarles tanto a mis conocidos en esta nueva tierra como a mis hijos, de lo afortunada que fui al haber podido asistir a un centro educativo excepcional no solo por la excelente formación académica que recibí sino también por la inestimable formación humana que ha sido para mí el legado más importante que atesoré por aquellos tiempos y que siempre se lo deberé a mi madre, a mis profesores y maestros y porque no decirlo también a mis compañeras.
Hablar de mi “querida Escuela Sarmiento” fue y es un orgullo del que me agrada presumir. Hablar de ella es hablar de vivencias enriquecedoras dentro de sus aulas, de juegos como la matanza, el elástico o la rayuela que tanto nos divertían en aquel entrañable patio donde estaba la fuente y el tobogán; es recordar el rostro bondadoso de Don Valentín sentado en aquel banco de la entrada o del jardín para endulzar nuestra más inocente infancia y adolescencia, es añorar recuerdos, rincones y momentos como cuando íbamos a desayunar las tortillas, los cuernitos y las facturas calentitas con café con leche o mate cocido que nos preparaban en la cocina; o aquellos otros momentos en que recogíamos los sabrosos cocos caídos de las palmeras para luego comérnoslos sin lavar, o cuando formábamos aquella interminable hilera como de hormiguitas negras frente al bebedero de piedra para saciar nuestra sed, o sencillamente aquellos otros momentos en que íbamos a afinar la punta de los lápices en el sacapuntas atornillado sobre su escritorio.
Hablar de mi escuela, es hablar de aquella corzuela tan bonita que nos trajeron de regalo o de aquellas pacíficas palomas grises y blancas de piquitos y patitas coloradas que se detenían a comer entre nosotras las migajas que dejábamos caer, es escuchar el tañer de aquella vieja campana que “los loritos” Juárez y López (los ordenanzas) tocaban para indicarnos el inicio y el fin de cada tiempo de recreo.
Es recordar las formaciones, los izamientos de bandera, el cántico de los Himnos, los campamentos, nuestra semana estudiantil en Septiembre llena de actividades creativas, deportivas, la sátira a los profesores, el gran baile donde más de una se enamoró por primera vez… y como hablar de mi escuela sin mencionar a nuestro querido árbol “San Antonio”, bajo cuya sombra abrasé grandes proyectos de futuro. Allí incluso me atrevía a soñar con los ojos abiertos.
Es añorar esos sábados por la mañana, llenos de actividades extra-programáticas. Con la señorita Celia pintábamos sobre unos descoloridos caballetes de madera, bajo la frondosa copa del ficus que nos servía
de cobijo a la vez que de inspiración.
También allí recibíamos clase de escultura, de filatelia o taxidermia por nombrar algunas de las actividades que yo hacía.
Junto a nuestro querido árbol, aún hoy, continúan celebrándose importantes actos y se pronunciaban sabios discursos.
Con que paciencia y cariño, los profesores o maestros nos repetían una y otra vez las cosas hasta que teníamos claros los conceptos; y con qué cariño y tesón nos incentivaban hasta el hartazgo. Solían sacrificar sus horas libres entre clase y clase para darnos su apoyo. La biblioteca era donde nos reuníais
y siempre os admire por esa capacidad de despertarnos el interés por aquellas asignaturas que entrañaban alguna dificultad en el aprendizaje.
Su constante entrega, apoyo y empuje han quedado grabados en mi memoria y este recuerdo lo he aplicado en todos los aspectos de mi vida para incentivar el esfuerzo, la dedicación y el ánimo de aquellas personas que luchan por superarse día a día y como no, también por el reconocimiento de sus labores, contribuciones a la sociedad, al prójimo y aporte inestimable a mi crecimiento personal.
Dentro de la escuela desarrollé el sentido del deber y la responsabilidad; comprendí la importancia del concepto de auto-disciplina y guiada por la mano de extraordinarios maestros y profesores aprendí valores como el respeto y la lealtad.
Pensar en mi querida escuela es extrañar mi segundo hogar. Allí concebí mis primeras ideas y en su hermosa biblioteca, mi segundo refugio bajo la tutela de la Srta. Adelita Navarro (la bibliotecaria), las nutrí y las forjé. Y todavía no se me olvida aquella frase cuya autora es la Srta. María Elena Saleme: " En la escuela Sarmiento se aprende a no caer en la pasividad estéril, en la indiferencia escéptica ni en el rechazo de las responsabilidades".
Era tanta la confianza que los profesores depositaban en nosotras que intentaba no fallarles. No se me ocurría ir sin estudiar; sentía que si no lo hacía era como traicionarles. Tampoco nunca confundí ese sentimiento de amistad que nos unía con mi sentido del deber de estudiante. También tengo que mencionar que la amabilidad, la educación, el respeto, el cariño y la comprensión que te profesaban tanto los educadores docentes como el personal administrativo dentro del centro han sido un ejemplo a imitar.
He crecido en un ambiente tan cálido, tan familiar, como irrepetible; y para mí al menos ha sido prácticamente imposible encontrar algo así o parecido, donde educar a mis hijos. En lo que respecta a mi experiencia personal, que es en realidad de lo único que puedo hablar, puedo decir que me encontré en esta tierra ante una realidad triste y desbastadora. Tope con docentes déspotas, soberbios, nada pedagogos, incapaces de conectar emocionalmente con el alumnado para transmitirles sus conocimientos, y por esa razón afirme en varias ocasiones que la educación de aquí comparada con la mía personal dejaba mucho que desear y lamento tener que expresarme así. Ya me hubiese gustado, os aseguro, que las cosas fuesen diferentes.
Y no está demás, decir que valoro muchísimo la labor de aquellos otros docentes, SÍ comprometidos, que siguen aportando a la Educación ese granito de arena, y que son la excepción a la regla, porque jamás se dan por vencidos a pesar de lo dura que puedan ser las circunstancias y su labor.
Sería injusto no reconocer que todavía quedan algunos buenos profesores y maestros, aunque, desgraciadamente a la sombra de tantos otros despreocupados y desinteresados. Docentes sin vocación como me gusta llamarlos.
Y aunque no me olvido de la difícil situación que representan, en estos tiempos, algunos alumnos y padres para los educadores, quiero decir, que con afecto y respeto muchas ramas torcidas han podido ser enderezadas gracias al verdadero espíritu de vocación de los Grandes de la Enseñanza.
Un fuerte abrazo y desde siempre agradecida por esa grandeza de espíritu y la nobleza de su lucha y labor vocacional. Sé que vivirá eternamente en el corazón de todas las Sarmientinas que tuvimos la dicha de conocerla.
deibi mocsáry

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Al San Antonio de la Escuela Sarmiento - Poema de Federico García Hamilton - MAYO 2018

[Tratando de interpretar el dolor de "Las Sarmientinas" ante la noticia de que el San Antonio del patio de la escuela: "está desfalleciendo"].Fue cortado antes de finalizar el año 2018.

San Antonio de "La Escuela",
¿Qué manos te habrán plantado
Alguna vez, hace tiempo,
Justo aquí, en nuestro patio?
Nadie tiene esa respuesta
Más benditas, esas manos?

Alejado de tu especie
creciste solo en el patio,
y pa´ vencer soledades
Te volviste nuestro hermano,
Protector de nuestra infancia,
cobijo de aquellos años.

Como un hermano mayor
O un padre, querido árbol,
Te vimos las Sarmientinas
Que en este patio jugamos
A la edad en que la vida
No tiene sabor amargo.

Nos dicen que desfalleces
Que te pesaron los años,
Y nuestras almas se llenan
De dolor, de pena y llanto.
Pero quedan los recuerdos
Que alivian, te juro, hermano.

De aquellas horas felices
Bajo tus ramas jugando,
De secretos entre amigas
Que bajo llave has guardado,
De sueños adolescentes
A tu sombra madurados...

Eran sueños sarmientinos
Por tu savia circulando,
Como trepando tus ramas,
Como los cielos buscando...
Querían encontrar la luz
Para estallar, germinados.

Y ahora que ya nos dejas,
Que tu muerte va llegando,
Espero en el paraíso
Tus ramas sigan brotando,
Y que descansen bajo ellas
Las que ya nos han dejado.

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