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Dos joyas en mi vida; la tía Ida y la Teté - Relato: sobre el misterio del Stradivarius.

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21/01/2007 Dos joyas en mi vida; la tía Ida y la Teté - Relato: sobre el misterio del Stradivarius.


A mi tía abuela Ida y a mi abuela Teté por acariciar mi alma con las melodías de los compositores clásicos que ellas le arrebataban a las cuerdas del violín y al teclado del piano de cola. La Teté, mi abuela materna.

Relato: "El misterio del Stradivarius"

Legiones de lutieres han intentado replicarlos. Sin éxito. No han podido emular su sonido, sublime, perfecto. Ahora, los científicos someten a exámenes dignos de “CSI” a estos instrumentos fabricados hace 300 años por un artesano italiano y que son joyas irrepetibles, valoradas en millones de euros y codiciadas en todo el mundo. Buscan la fórmula que los hace únicos.

Bajo el microscopio
Los expertos han examinado el barniz que aplicó Antonio Stradivari a los instrumentos que fabricó: contiene una mezcla de sílice, carbón, carbonato de potasio y cenizas. Esta masa la pulverizaba y cocía. La dejaba secar durante semanas y luego la untaba en los instrumentos: endurecía la madera y aumentaba su capacidad de vibración.

Matteo Fedeli es el músico que ha tocado más Stradivarius: 25 en la última década. Lo llaman los propietarios de los violines para que mantenga vivos los instrumentos.

Nació en 1.710 en Cremona (Italia); vivió en el palacio del Rey de Inglaterra; estuvo en la Batalla de Waterloo, después vivió en Berlín, Tokio… y ahora reside en Suiza. Tiene 300 años, es un violín, un Stradivarius.
Se llama Rey Jorge en honor a su primer propietario, Jorge III de Inglaterra, y pertenece a un club muy selecto formado sólo por 650 miembros repartidos por todo el mundo. Su vida y la de sus “hermanos”, también con nombre propio (Capitán Saville, Español, Hammer, Lady Tennant, Condesa Polignac, Viotti…), aglutinan el misterio, la alta cultura, l aHistoria y ahora también la ciencia.
¿Cómo consiguió el artesano italiano Antonio Stradivari dotar a los instrumentos que fabricó de una sonoridad tan sublime? Muchos lutieres han intentado replicarlos, sin éxito. Los expertos continúan- 300 años después de que Stradivari los ensamblara- indagando en el corazón de estos instrumentos, en busca de su fórmula secreta. Los miran a través de rayos X, los examinan con tomografías y con espectrocopìos, analizan estos diamantes musicales por los que pujan los nuevos magnates rusos, jeques árabes o multimillonarios asiáticos.
Los Stradivarius son un negocio muy rentable: su cotización en los últimos veinte años se ha multiplicado por doscientos. Diez veces más que el oro. Y son pocos: Antonio Stradivari (1664-1737) construyó algo más de 1100 instrumentos musicales en sus 57 años de oficio.

Técnicas dignas de CSI

Era talento. Fabricaba solo unos 20 al año. Sobreviven 550 violines, 63 violonchelos, 18 violas, cuatro mandolinas, 14 contrabajos, un par de guitarras y una única arpa. En el laboratorio Arvedi de la Universidad de Pavía, abierto en el Museo del Violín de Cremona, han utilizado técnicas dignas de CSI para rastrear hasta la última molécula de la madera de los instrumentos fabricados por el mítico lutier. Han llegado a una conclusión: es posible que Stradivari tratase los violines con una mezcla de caseína (una proteína de la leche) e hidróxido de calcio, lo que producía una cola especial. También creen que utilizó un aislante obtenido del aceite de lino o de nuez y resina de pino, y una capa de barniz fabricado con aceite, colofonia (resina natural de color ámbar) y cinabrio (mineral rico en azufre y mercurio).
Fue Antoni Stradivari un artesano de una meticulosidad obsesiva. Se cuenta que, en las noches de Luna llena, vagaba por los bosques de Val di Fiemme con una antorcha. Observaba los abetos rojos. Cuando descubría uno con un porte sobresaliente, arrancaba un trozo de la corteza y golpeaba el tronco con un pequeño martillo para escuchar con atención el sonido de su golpeo. Si le convencía el resultado, ordenaba talar el árbol y trasladar el tronco a su taller. Para la caja de un violín, Stradivari utilizaba dos tipos de madera: arce de los Balcanes y abeto rojo. Compraba los troncos y luego secaba la madera en la terraza de su taller.
Árboles de una Era Glacial

Una de las hipótesis que explican el sonido perfecto de sus instrumentos apunta a que el secreto está en la madera de esos troncos supervivientes de una era glacial que heló la zona entre 1645 y 1715, redujo la velocidad de crecimiento de los árboles, compactó los anillos de edad de los troncos y produjo una madera más elástica.

No todos están de acuerdo con que esa sea la razón de su excelencia. Las últimas pesquisas apuntan a que las 50 micras (milésimas de milímetros) de barniz que aplicaba Stradivari son las responsables del enriquecimiento del sonido. Estos estudios sostienen que esta “pócima mágica” la elaboraba Stradivari a partir de una preparación vítrea que endurecía la madera y aumentaba su capacidad de vibrar. Sin embargo según Simone Sacconi, un experto que ha restaurado350 stradivarius, el mítico lutier utilizaba en la elaboración de su barniz sílice, carbón y carbonato de potasio mezclado con cenizas del polvo prensado. Pulverizaba esta mezcla, la disolvía en agua, la cocía y la decantaba. La extendía sobre la madera y luego la dejaba secar durante meses. El tiempo, dicen, también desempeñaba un papel importante.

Hay más teorías…Estudiosos de la Universidad de Cambridge, no obstante creen que el ingrediente secreto es el uso de cenizas volcánicas.

Distinguir los auténticos

No hay testimonios de los trucos de Stradivari, el célebre artesano (que falleció a los 73 años) no dejó documentación sobre su método de trabajo. Solo dos personas lo conocían: sus hijos Francesco y Omobono, que trabajaban con él en el taller y que también murieron con los labios sellados.

Como en una trama de misterio, la fama de estos instrumentos ha alentado a mafias, estafadores o contrabandistas. Los auténticos Stradivarius se distinguen “por su barniz, semejante a una llama dorada; por la cuidadosa talla de la efe (los agujeros de resonancia); por su forma abombada; por la voluta; y por el cartucho pegado en el fondo del instrumento, con la leyenda.”Antonius Stradivarius cremonensis faciebat anno (y la fecha de la fabricación)”. Y, obviamente por su inconfundible y potente sonido.

Hombres armados
“Cada uno tiene su propia personalidad: por eso se denominan con el nombre de sus propietarios”, explica Matteo Fedeli, el violinista que ha tocado más Stradivarius del mundo, 25 en la última década. A Feddeli lo llaman los dueños de los instrumentos para que los toque. Cuando viaja con los violines, lo acompañan hombres armados, comprensible cuando en el maletín se lleva un objeto que puede valer hasta 15 millones de euros.

Solo los instrumentos fabricados por Giuseppe Guarneri, conocido como Guarneri del Gesú, son equiparables en precio y prestigio a los Stradivarius. Guarneri fue paisano y contemporáneo de Stradivari, ambos fueron aprendices en el taller de Nicolo Amati y compraban las resinas y los pigmentos en los mismos vendecolori que el resto de los artesanos y pintores.

Bruce Tai, uno de los expertos californianos que han analizado los Stradivarius bajo el microscopio, solo encuentran una explicación a la excepcionalidad de estos instrumentos: “Una combinación de buen ojo, buen oído, buenas manos, ajustes constantes y dotes artísticas”. En su opinión, la fórmula mágica de los Stradivarius es un asunto más de oficio y talento que de ciencia.

Joya de la Corona -Cuarteto Palatino o Cuarteto Decorado
Tipo de objeto:
Violín, violín, viola, violonchelo
Autor:
Antonio Stradivari (1644-1737)
Fecha:
1709 / 1709 / 1696 / 1697
Localización:
Palacio Real de Madrid
Número de inventario:
10076030 / 10076031 / 10076032 / 10076033
Descripción:
Conocido como “Cuarteto Real” decorado, está compuesto en la actualidad por dos violines (uno grande y uno chico), una viola y un violonchelo. Parece que el violero cremonense Antonio Stradivarius lo realizó pensando en Carlos II como conjunto unitario y decidió después ofrecerlo como obsequio a Felipe V, durante su visita a la ciudad en 1702 y así lo cuenta la crónica de de Desiderio d'Arisi, amigo íntimo del constructor. Por motivos políticos de la Guerra de Sucesión española no fue permitida esta entrega. Inicialmente había realizado otro conjunto con motivos decorativos para la familia Medici, que no se conserva unido.
Setenta años después de su fabricación, Carlos III encarga al Padre Brambilla la adquisición del entonces quinteto para su hijo, el Príncipe de Asturias y futuro Carlos IV, en su viaje a Cremona. Una viola tenor desaparecida en la Guerra de la Independencia completaba el cuarteto actual. Los instrumentos habían sido heredados por dos hijos de Antonius, primero por Francesco y luego Paolo.
La calidad de este cuarteto se puede apreciar en los conciertos que Patrimonio Nacional programa. Los materiales utilizados y la exquisita factura le otorgan una sonoridad incomparable y una delicadeza tímbrica espectacular.

Por otra parte, sobresale porque, a diferencia de otros conjuntos del mismo violero, este cuarteto ha permanecido unido y vinculado a la Corte española desde su adquisición con la excepción de las dos violas robadas (la viola contralto fue recuperada en 1950 gracias a la labor del conservador de entonces, Ruiz Casaux).

Desde el punto de vista estético, los cuatro instrumentos se distinguen por la decoración zoomorfa y antropomorfa realizada con plantillas, que se conservan en el Museo de Cremona. Aunque existen otros instrumentos de cuerda decorados por este artista, hay dos aspectos que les hace despuntar más por una parte, la viola, es la única conservada con decoración y por otra, la calidad de los putti del violonchelo.

Los cuatro instrumentos están decorados con una cenefa de rombos y círculos de marfil sobre un fondo de pasta de ébano que recorre todo el perímetro de la tabla armónica y del fondo a la altura del filete. El fondo está realizado con una pieza de madera de arce, excepto el del violonchelo que son dos. Las cuatro tablas armónicas de madera de conífera y realizadas de una única pieza presentan unas efes muy marcadas.

Tanto sus aros como sus clavijeros, presentan roleos renacentistas enriquecidos con motivos vegetales y florales, aunque los del aro se adornan de diferente manera. El mástil y las clavijas de todos ellos son de ébano negro, con cuatro cuerdas modernas que se afinan con el tensor en el cordal. Estas piezas junto con los puentes son modernas.

El violín conocido como grande se caracteriza por la siguiente decoración zoomorfa entre los roleos: diez canidos silueteados (lisos y moteados), al galope, se intercalan con catorce grifos negros, de alas explayadas. Estos están afrontados, excepto los que se encuentran en las esquinas de las escotaduras y a ambos lados del botón, que se contraponen. Los canidos corren desde el talón con listel oscuro, hacia el botón, donde los dos últimos se enfrentan, mientras que en las escotaduras cambian de sentido.

El violín conocido como chico se diferencia del anterior en las dimensiones y en algunos detalles decorativos. Los cánidos parten del botón y corren hacia el talón sin listel, donde se encuentran a ambos lados afrontados, con la salvedad de los dos de las escotaduras que cambian de sentido. Y las motas de los canidos se encuentran más desgastadas.

En el interior de cada violín, se conserva una etiqueta con la siguiente inscripción impresa: “Antonius Stradivarius Cremonensis / Faciebat Anno 1709 (709 manuscrito)”; Anagrama “AS” en círculo bajo una cruz.
En el caso de la viola, la decoración zoomorfa entre los roleos varía: catorce aves y nueve liebres (más una hoy borrada) se distribuyen intercaladas. Las liebres que están saltando en el mismo sentido, rodean el perímetro y giran la cabeza hacia atrás. Comienzan a la izquierda del talón y finalizan a su derecha. Dos aves, de largo pico y patas largas, flanquean cada liebre. El ave que se encuentra a la derecha del mamífero, picotea el suelo. Las aves se dan la espalda en tres de las esquinas de la escotadura, en la cuarta, el ave da la espalda a una liebre, al cambiar en la parte superior del aro, a la derecha del mástil, el orden establecido en el resto del aro.

Igual que en los violines, hay una etiqueta en el interior con la siguiente inscripción impresa: “Antonius Stradivarius Cremonensis / Faciebat Anno 1696 (6 manuscrito)”; Anagrama “AS” en círculo bajo una cruz. En la parte inferior, aparece manuscrita la siguiente inscripción: “Vincs Assensio Presb in me (…) Añ(sic) 1785”
Además existen otras dos inscripciones hechas a mano con tinta, realizadas por la Casa Hill, en el interior de la tabla armónica. Una de ellas dice que se restauró en 1891 y en la otra se resume su historia desde su venta en París en 1819 hasta el año citado anteriormente.
Por último, la decoración de los aros del violonchelo sigue la misma distribución que los anteriores. Presenta una procesión de diez infantes alados desnudos (probablemente Cupidos) que persiguen con arcos y flechas a catorce cápridos o antílopes entre roleos vegetales. En cada lado de los aros, cuatro cupidos miran al botón y dos (después de la escotadura y en la base) hacia el mástil. En ambos lados, cuatro cápridos miran hacia el mástil y otros tres hacia el botón. Estos flanquean a cada angelote, excepto al primero y al último. El barniz es rojizo oscuro.
En el interior, también se halla una etiqueta impresa con el siguiente texto: “Antonius Stradivarius Cremonensis / Faciebat Anno 1694 (4 manuscrito)”. Anagrama “AS” en un circulo con una cruz.
Estas etiquetas en todos los instrumentos son las usadas por Stradivarius en sus instrumentos, incluyendo el anagrama de su nombre y demuestra su autoría.
Se fabricaron en las primeras décadas de madurez del artista, cuando se ha independizado de su maestro Nicola Amati.
Estas decoraciones se repiten en el violín Greffuhle datado alrededor de 1700, actualmente en la Smithsonian Institution de Washintgton.
En cuanto a su historia en la Corte, recién llegados se integraron en la Orquesta de Cámara del futuro Carlos IV, para la interpretación de música clásica. Vicente Assensio, violero oficial de la Real Casa, será el encargado de su conservación sucediéndole después su sobrino, Silverio Ortega y posteriormente el hijo de éste, Mariano Ortega. Durante el siglo XVIII y el XIX se realizaron algunas intervenciones en los instrumentos. La más agresiva fue la sufrida por el actual violonchelo, que en origen era un violón bajo y se empequeñeció para adaptarse a las modas musicales del momento. Cuando en 1814 se realiza el inventario por orden de Fernando VII se detecta que faltan las dos violas. En 1836, se incorporan a la Real Capilla hasta su disolución durante la República, 1931. Durante la Guerra Civil, se custodiaron en el Museo del Prado. En 1950 se adquiere a la Casa Hill una de las violas sustraídas y se recompone en parte el conjunto adquirido por Carlos III, formando un Cuarteto.
Bibliografía:
BORDÁS IBÁÑEZ, Cristina: “Instrumentos musicales en las colecciones españolas” Vol. II, Madrid, 2001, pp. 19-21 y 165.
GARCIA MARCELLÁN, José: “Notas sobre los instrumentos de arco construidos por el célebre Luthier Antonius Stradivarius” Madrid, 1951.
GARCIA MARCELLAN, José: “Joyas musicales propiedad del Patrimonio Nacional”. Madrid, 1938
HILL, W. Henry, ARTHUR, F., ALFRED, E. : Antonio Stradivari. His life and work (1644-1737). Londres, 1902, pp 73-79.

VALVERDE MERINO, José Luis: Violín en “Carlos IV. Mecenas y Coleccionista” Madrid, 2009, pp 160-161.
VALVERDE MERINO, José Luis: Instrumentos musicales para el ocio y devoción de los Reyes en “Tesoros de los Palacios Reales de España. Una historia compartida”. AC/E, México DF, 2011.

El más caro

Se llama Lady Blunt, como una de sus dueñas: Lady Anne Blunt, nieta de Lord Byron. En 2011, la Nippon Music Foundation recibió por él 15 millones de euros (de un comprador desconocido), que entregó a las víctimas del Tsunami de Fukushima.

El único original
Los 650 Stradivarius que se conservan tienen tres siglos de vida: se han retocado muchas veces. La madera se ha enmasillado, rebarnizado y se han reemplazado varios componentes. En el siglo XIX se cambiaron los mástiles de los violines por otros más largos e inclinados, más adecuados para interpretar notas más agudas. Sólo hay un Stradivarius que se conserva intacto, en su estado original (incluido el barniz), es el tenor Toscano, una viola de 1690 que se expone en la Galería de la Academia de Florencia.
¿Un sonido inconfundible?...
Claudia Fritz, experta en acústica del Instituto Jean Le Rond D´Alembert de París, ha puesto a prueba el mito de los Stradivarius con un ensayo demoledor. En 2012 reunió a diez renombrados solistas en una sala de conciertos parisina y puso a su disposición- con los ojos vendados- doce violines: seis antiguos (entre ellos, cinco Stradivarius) y seis modernos, en dos sesiones de 75 minutos, tanto solos como acompañados por una orquesta. Resultado: seis de cada diez solistas prefirieron un instrumento nuevo. Y el más votado no fue un Stradivarius, sino un violín nuevo. ¿Se puede generalizar el criterio de diez músicos?” Yo diría que no”, opina el violinista Matteo Fedeli. “Un par de horas no es suficiente para sintonizar con un instrumento antiguo. Más considerando que el sonido de un instrumento antiguo se juzga a distancia: el oído del violinista está demasiado cerca del instrumento, para poder valorarlo bien”. Así que Claudia Fritz ha pedido a cincuentas expertos presentes en la sala de conciertos parisina, que juzguen el sonido de los doce violines: los resultados se publicarán a finales de 2015. El misterio continúa.

Dietmar Machold
Se hizo pasar por un experto en Stradivarius y estafó a Instituciones y Coleccionistas de todo el mundo.
El Bernard Madoff de los violines
Dietmar Machold estaba en la tienda de instrumentos musicales de su padre en Bremen (Alemania) cuando entró una mujer mayor con un violín: pertenecía a su difunto marido, ella desconocía su valor. Machold se encontró ante una poderosa tentación y la aprovechó: se hizo pasar por un prestigioso experto y se quedó el instrumento para estudiarlo. Vendió aquel violín por 150.000 marcos, pero a la incauta viuda le devolvió otro, por supuesto barato, y le dijo que era invendible. De esta primera estafa- al estilo del financiero Bernard Madoff- el asunto Machold pasó en pocos años a ser el dueño de un castillo, una colección de coches de lujo, un imperio con sucursales en Zúrich, Nueva York, Viena, Berlín… Y desde esa vertiginosa altura cayó en 2012, hasta una celda de la cárcel de Zermatt, en Suiza, acusado de malversación, fraude y lavado de dinero.
Machold se valió de dos armas para pergeñar su engaño: la ignorancia de los demás y las apariencias. Pocos saben distinguir un Stradivarius auténtico de uno falso. Además, algunos de los auténticos tienen varios nombres (por sus diferentes propietarios). Machold se fabricó un prestigio y después lo exprimió. Lo hizao tan bien que los bancos le concedieron grandes créditos, con la única garantía de un par de falsos Stradivarius depositados en la entidad por este sofisticado sinvergüenza.

Por Manuela Giménez
XL SEMANAL 12 de Abril 2015